Y ahí estaba yo pensando en estos días que realmente lo físico existe.
Me explico. Tener un cierto color de piel, ser bonita o fea, ser hombre o mujer, vieja tecla o jovencita turgente, o señora pechugona o más bien nadadora, puede determinar el trato que te den los otros.
Si vas en un bus, en una de esas te dan el asiento bajo alguna de esas coordenadas o te miran feo porque no te paras, según algunas otras coordenadas. El cansancio puede ser igual, pero no somos iguales.
A mi el asunto me entra a tostar cuando por acá, en el espacio alemán, llegan los de mi equipo, los sudamericanos, y empiezan a clasificar y a retomar antiguas actitudes frente a los colores y/o parámetros que en nuestros países son reales y acá no tiene nada, pero nada que hacer.
Acá el que no es alemán simplemente es exótico. Y le van a preguntar hasta el asco: ¿de dónde vienes? Y si la cara se la ganó por una abuela boliviana que no le dejó ni el idioma, igual le van a preguntar de “¿dónde vienes?”
Después claro vienen los matices.
No es lo mismo ser una morenita española que una morenita turca. Pero una morenita francesa tampoco es una morenita española. Y una rubia de Munich no es de ninguna manera una rubia de Georgia. Para cada prejuicio hay siempre un argumento. Leer Más…