Como todo país tiene su límite, los chilenos nos limitamos con los argentinos.
Y con los bolivianos y los peruanos, pero con estos topamos más bien.
Con los argentinos hay de lado y lado. Nos tenemos a la vista.
Hacemos como que estamos de espaldas y que somos muy distintos.
Y ahí estamos, tirados los dos al sur, uno al lado de otro diciéndonos cosas.
Y creyéndonos otras sin darnos la vuelta y mirarnos a la cara.
Fronteras y generalidades.
Yo tengo por ahí un pariente que atravesó la cordillera y se hizo chileno en el siglo XIX. Dicen. Una sobrina que nació en Buenos Aires y las dos hermanas de mi madre estuvieron casadas con argentinos.
En fin, que el chiste: ” tan simpático, no tiene la culpa de ser argentino”, o lo del negocio del año “comprar un argentino por su valor y venderlo por lo que cree que vale”, siempre fueron chistes periféricos. En mi casa no era tema… Argentina- Alemania en fútbol? Argentina poh!
Aunque no meto las manos al fuego por nadie. Jejejeje
Hoy me dí cuenta por qué le tengo tanta buena onda a Argentina, no es el pariente, ni los amigos que encontraron asilo político primero y después salieron rajando del siguiente golpe de Estado, con los amigos hechos en Argentina esta vez con destino a México.
No, es que yo de niña recibía de un tío (chileno) y desde Uruguay (!) la historieta que reálmente me recuerda mi primera infancia por allá por los finales de los 60tas, pricipios de los 70tas.
Socialización.
Nunca volví a ver esta historieta, y es la primera vez que la veo con ojos de adulta.
Acá la tienen, por esta me ponía hasta nerviosa cuando sabía que venía mi tío y me la traía:
Con agradecimientos al Maese y su nostalgia cuarentona. Èl supuso bien que yo no conocía un programa de la tele de su infancia argentina. No Maese, esa no, pero Paturuzú.
Lo conociste tú?



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