Archivos de la categoría ‘Helga, Otto y Fritz’

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A tres frutillas de distancia

Sábado, Mayo 2, 2009

Ser feliz de niña es estar en un asado y correr con un montón de otros niños por ahí.

Los adultos olvidan el tiempo y una puede correr y jugar por ahí hasta tarde, hasta caerse de sueño. Alguien te recoge y te lleva a tu cama. Mañana será otro día.

La vida entera se centraliza en torno al fuego y la carne. Hay hogar.

Los adultos están ahí, se ven, no hay que buscarlos, ni esperarlos. Los niños van y vienen.

Cuando estaba a punto de entrar en la nostalgia de la propia infancia feliz, de pronto llegó Anna y preguntó si ella también podía comer fresas del postre.

El postre lo llevé yo. Como estoy sin tiempo organicé helado de vainilla – a mesié no le gusta el chocolate, a enano no le gusta el helado y yo no soporto el de nuez… la cassata no le gusta a nadie- compré unas fresas y le agregué unas galletas italianas que se llaman “orejas” y que en mi país se conocen como palmeras. Las fresas fueron pocas y no alcanzaron más que para adorno.

Anna quería las fresas de su madre. Lamentablemente estas ya estaban prometidas a su hermano. Anna cede muchas cosas a su hermano, porque es la mayor. Anna tiene 4 y medio y un par de fresas son importantes a esa edad.

Anna estuvo a mi cuidado durante dos años. Anna, Lena y Sarah eran mi grupo de princesitas. Crecieron y también mi enano creció y a mi no me quedó otra que crecer con ellas y cerrar el grupo.

Los niños no aceptan tan fácilmente cosas de extraños, pero para Anna yo no soy una extraña. A esa edad las fresas son fundamentales y la protección del adulto conocido ni se pone en duda.

La llamé antes de que su madre repartiera las fresas por segunda vez. Anna ven, ¡yo te doy mis fresas! Se sentó en mi falda sin la más mínima duda y se las comió sin pensar en mi. Y ahí mismo se acabó mi nostalgia por la infancia.

Que alegría más grande es hacer feliz a alguien sabiendo que no me cuesta nada de nada renunciar al placer de tres frutillitas. Para mi las fresas ya no son lo que fueron. ¡Qué alegría! Mañana compro más, otro día como, ahora me tomo un espresso. Me dan lo mismo las fresas. Esa chiquitita confiada que acepta mis fresas, esa chiquitita, solo puedo cargarla y sentir el gusto de dar algo que a mi también me gusta, porque soy adulta.

Que bueno es ser adulta.

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muérete de la risa: carnaval

Domingo, Febrero 22, 2009

Estamos en carnaval.
Vacaciones de colegio y lunes de rosas, martes de no sé que y miércoles de cenizas.
Adrián cree que yo soy capaz de disfrazarlo de lo que él quiera. Y así ha sido siempre.
Y cada año la apuesta de mi hijo es más alta.
Pero lo logro, porque en realidad Adrián ve lo que yo veo en un par de medias blancas: orejas de conejo, o en la polera café de su padre: un águila imperial. Así cada año siento curiosidad por saber que quiere y como lo voy a lograr.
Ha sido dragón, águila, conejo de pascua de resurrección, fantasma de castillo, Robin Hood y alguna cosa más que no recuerdo.
Este año es fácil, gracias a las famosas brujas que por este carnaval típico de la zona donde vivimos, abundan. Un carnaval más bien alsacio, diría yo. Tendría que mirar como le llaman y cuál era el centro desde donde se desarrollo, pero afortunadamente esto es un blog y escribo las cosas a medias si me da la gana. Me da.
Digo que Adri tiene una especie de guerra con las brujas que se especializan en chicas jóvenes y niños pequeños. Si están graciositas los agarran y los despeinan y pintan y suben al carro… ¡pobre Adri! ¡Como sufre! Las odia… ¿por qué sale entonces a la calle en día de carnaval?
El disfraz, los dulces, la música, la gente alegre por las calles, los amigos. Irresistible para el pobre.
Este año digo, decidió que será caballero andante, Ritter, y que con la armadura puesta a ver si las brujas se atreven contra su espada.
Yo le aconsejé que dejara la de Yedi en casa y llevara la de goma, pero él quiere llevar la de madera.
Ya veremos como le va y si como todos los años termina llorando, o todos en la cárcel.
Carnaval es así, nunca se sabe lo que finalmente va a pasar, ni tampoco si será divertido.

Les aseguro que con 37 segundos están listos.

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derecha, izquierda, holocausto y derechos humanos

Miércoles, Febrero 4, 2009

(No me da vergüenza hablar de esto. Lo siento por los que se querían reirse un rato y yo les salí con esta. Es lo que hay. Como siempre para estos: circulen, circulen. No hay obligación de leer, ni de opinar.)

En Alemania negar el holocausto es un delito.

Tiene condena, supongo que irá desde una multa a penas de cárcel, dependiendo de cómo y dónde se haga.

Uno simplemente no puede como Richard Williamson- el obispo este- ir descartando por ahí en medio de una entrevista con un medio sueco, la posibilidad de que seis millones de judíos murieran a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y estimar así al ojo que a lo sumo hubo “entre 200.000 y 300.000 muertos en campos de concentración, pero ninguno en cámaras de gas”.

No es un asunto de falta de cultura o un caso de opinión política un tanto especial, ni siquiera un asunto de evidente moral. Y menos una cosa religiosa. Acá- en el país que vivió y aceptó a Hitler, donde la mayoría lo siguió- es un delito negar el holocausto.

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los gustos en vida

Martes, Noviembre 11, 2008

La Ale me mandó una cadena, y a mi lo que me pasó fue que recordé este poema famoso de Brecht, lo recordé en alemán y pensé que la primera satisfacción que voy a poner en mi lista  de placeres- si la llego a escribir-  va a ser: poder leer a Brecht y a Heine, escuchar los versos de Schiller con la música de Beethoven en este idioma y entender. Entender. Leer a Christine Nöstlinger y a Hannah Arendt. Comprender. Preguntarle a la Omi por qué ella es alemana si su hermana es austriaca. Entender.

A mi marido y a Adrián sin voltearme a mirarlos, sin dejar de cocinar, de escuchar música o mirar por la ventana. Que U. me diga: ich denke, ich bin schwanger y alegrarme sin más por ella. Vivir en este idioma y saber que puedo sentirme tan viva como siempre lo he estado, ahora en alemán.

Satisfacciones
(Bertolt Brecht)

La primera mirada por la ventana al despertarse
El viejo libro vuelto a encontrar
Rostros entusiasmados
Nieve, el cambio de las estaciones
El periódico
El perro
La dialéctica
Ducharse, nadar
Vieja música
Zapatos cómodos
Comprender
Nueva música
Escribir, plantar, viajar, cantar
Ser amable.

Vergnügungen

Der erste Blick aus dem Fenster am Morgen
Das wieder gefundene alte Buch
Begeisterte Gesichter
Schnee, der Wechsel der Jahreszeiten
Die Zeitung
Der Hund
Die Dialektik
Duschen, Schwimmen
Alte Musik
Bequeme Schuhe
Begreifen
Neue Musik
Schreiben, pflanzen, reisen, singen
Freundlich sein

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3 Brezel, una brigitte y tu propio idioma

Domingo, Septiembre 21, 2008
qué riiico!

qué riiico!

Los alemanes no aceptan que su idioma sea difícil de aprender de adultos, ellos creen que es cosa de nivel cultural o social.

La gente es igual que en otros países, creen que si un extranjero no habla su idioma como uno más, es por incapaz o por falta de interés. Yo aún siendo buena en este, mi segundo idioma, tengo acento y se escucha que tengo un pasado en otro lado, aunque no exáctamente de donde.

Mi amiga U. estudió filología inglesa, lo que se une a que los alemanes aprenden muy bien este idioma desde el colegio, lástima que no se enteran de que tienen acento alemán y que no son como los hablantes nativos hasta que les toca vivir en países de esa lengua. O sea, la mayoría sigue sintiendo a los extranjeros y sus acentos como “ineptos”, pero ellos se creen fantásticos, perfectos en los idiomas que aprenden.

Justo esta amiga, a la que conocí en la universidad y que siempre me quiso a pesar de mi “defecto” con el idioma, decidió hace 3 años irse a vivir a Inglaterra, además fue- como yo- porque se casó con uno de allá y hasta cambió su nombre alemán por uno inglés.

Ella y yo hemos viajado juntas, cuando viajar era partir con dos pesos (Groschen) en los bolsillos y ni idea de como lo lograríamos, y así descubrimos lo caóticas que somos juntas.Nada nos resulta a la primera cuando estamos juntas, pero NUNCA nos hemos peleado en circunstancias adversas. Es la mejor compañera de ruta que he tenido.

Nuestro viaje a Viena a dedo, es de antología.

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