Archivos de la categoría ‘recordándote’

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el amor es una ciruela- pasa

Lunes, Junio 15, 2009

Me gustan los amores viejos.

Será porque nací en el año 25 del matrimonio de mis padres. Un matrimonio peleado, un matrimonio en las malas y en las buenas. Dos personas distintas, casi opuestas que decidieron estar juntas. La vida los juntó y ellos hicieron lo mejor que pudieron del asunto.

Será por eso que me gustan los amores que superan los años.

Será por eso que me gustan los años que dejan al descubierto lo mejor y lo peor de nosotros.

Como me dijo una señora muy mayor cuando le dije lo bonita que era, algo que ella debe haber escuchado ya muchas veces en su vida, y me contestó: “como decía mi madre: una bella ciruela, se convierte en una bella ciruela- pasa.”

Cierto.

Un buen amor recibe la pátina de los años sobre sus arrugas, no se gasta, sino que se forma, y no hay que tener miedo, aunque si cuidado al tratarlo.

No todos saben dejar atrás esos primeros años. No todos saben que hacer con esos primeros años.

Me gustan los amores viejos.

PASARAN ESTOS DIAS FELICES

Victor Heredia

Pasarán estos días felices
estas risas un día faltarán,
como el viento que arrastra la hojarasca
sé muy bien que algún día no estarán;
ni mi boca buscando tu ternura,
ni tu boca buscando mi calor,
pero sé, que ese día es tan lejano
como sé que estoy vivo por tu amor.

Pasarán estos días de recreo
estos soles que brillan por los dos,
y habrá un tiempo en que la melancolía
tejerá en su rueca otra canción.
Para entonces tendremos el recuerdo
de estos días felices y sin dolor,
hablaremos de esta pasión, que entonces
sostendrá en el futuro nuestro amor.
Yo te amo y el mundo se desploma
y no importa que nada siga igual.
Este breve momento de alegría
durará eternamente, como el mar.

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Las chiquillas*

Viernes, Noviembre 28, 2008

Me gustan mis tías paternas.

Son bajitas como yo, como mi abuela, su madre. O eran, me quedan dos de tres.

Además no fueron mujeres agraciadas. No. Ellas lo que fueron, fueron señoras educadas, y con un gran sentido del humor, especialmente para reírse de si mismas. Ya me gustaría a mi haber heredado esto junto con la poca altura que me tocó!

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existes

Lunes, Marzo 17, 2008

Caminaban tomados de la mano, ella a los saltitos y él a los trancos, tan largos como sus piernas se los permitieran. Era un juego, esto de ir así.

De pronto el le apretaba la mano y levantando un poco la rodilla le golpeaba el dorso contra el muslo. Ella se sorprendía y le daba risa. La próxima vez no me sorprendes, pensaba, pero lo volvía a hacer y el resultado era el mismo. Se volvían a reír.

La calle de un barrio de Ñuñoa, y sus casas unifamiliares de dos pisos con sus jardines permiten un paseo por la vereda, y sin embargo, ellos caminaban por la mitad de ella, sabiendo que a esas horas no pasaban autos. Era en los atardeceres de principios de los 70tas.

Las primeras estrellas aparecen y ellos las miran, anochece. A pesar del alumbrado público, no solo brillan las estrellas, sino que además se les puede ver en sus distintos colores.

“¿Ves esa roja? Allí se fabrica el helado de fresa.”

“Y en la verde? – le pregunta, divertida.”

“Mmmmh…en la verde… ¡jalea de limón verde!”

Ella quiere seguir preguntando, pero la Madre que va tras ellos con su tía, dice algo y él se gira a escuchar y este mundo vuelve a ser de los adultos, hasta que 10 o 20 años más tarde se vuelva a preguntar por qué de todas las tarde con su padre esa fue la que eligió para recordarlo.

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Nana

Miércoles, Diciembre 12, 2007

Santiago de Chile, 1929
Nana hace como si buscara por el patio. Mira al suelo, pero no lo ve, ella piensa en mil cosas que no tiene enfrente.

Como siempre tiene la sensación de que el almuerzo no llega nunca, quiere comer y conversar con la que le toque al lado.

Odia a las compañeras que comen lento. No soporta verlas comer el pan miga a miga, como hace Mira. Ella se lo come de tres mascadas y lo único que puede hacer después es observar a Mira.

Su hermana menor atraviesa el patio y la mira con vergüenza. No puede creer que su hermana nunca tenga la aguja de bordar, que siempre esté en el patio buscando una. Que todas sepan que esa es su hermana, le da algo. Ella no quiere que la observen así, y menos que la mamá esté siempre preocupada por ellas. La mamá trabaja y ellas están allí. Así es la vida y así debe serlo.

Nana lo tiene claro. Ella quiere volver con su mamá. No le importa nada más que eso. Cuando vuelva con su madre sabe que nadie la mirará como la miran, ni a ella, ni a su hermana, sabe que no tendrá que dar las gracias por comidas malas, o que le expliquen mil veces que es un honor lavar los paños de menstruación de las monjas o las toallas para el hotel Crillón.

Ella quiere que la dejen jugar y conversar, por eso su aguja- cuando llega a tener una- no tiene hilo, así puede bordar sin cometer errores y conversar cuanto quiera. La monja dice entonces que no entiende que le cunda poco si ella ve como Nana trabaja. A Nana le cunde, es cosa de oírla y de ver su alegría. Tiene fama de payasa entre sus compañeras, fama de graciosa. Nana es alegre contra viento y marea.

Lo de la lectura es otra cosa. Eso va a tener un final durísimo, pero no son las monjas las victimarias en ese caso. En un sótano oscuro y hediondo, encerrada, tendrá que aprender a leer y a escribir si quiere que su tía la deje salir. Ella aprenderá a leer y escribir.

Allí, le falló el plan a la Nana, si lo hubiera sabido, a lo mejor no respondería ahora en el internado lo de: ”no puedo estudiar la lección, madre, mi libro no tiene la hoja…” Nunca había hoja. Nana la sacaba. No había hoja. Hasta que la tía Margarita la mandó al sótano con todas las hojas sueltas que encontró debajo de la cama de Nana, no aprendió a leer, ni a escribir.

Por el miedo que sintió, por el frío y el hambre Nana no le guardó rencor a su tía. Hasta en la brutalidad se aferran los niños a las briznas de amor que se les ofrecen. Y era amor el de la tía Margarita, y desesperación, como muchas de las veces que se les inflige violencia a los niños, la tía no era mejor que las monjas, pero la quería. Nana aprendió a leer y a escribir, y en agradecimiento, en su otra vida, su hija se llamó Margarita.

Lo de Nana en el internado no es lucha de clases, ni envidia de lo que no conoce, es pura dignidad innata y una idea fija que defiende. A ella solo le importa una cosa, tiene un solo moto en la vida: madre e hijo deben estar juntos, no importa pasar pobreza, pero juntas.

Nana ama la vida, ama conversar, y estar con su mamá. Nana cree que las cosas van a mejorar. Nana cree en sus fuerzas para oponerse. Ella no sabe a dónde ir con su alegría y su fuerza, pero sabe oponerse, sabe que con ella no podrán.

El almuerzo de ese día no está comprado por el dinero ganado por las mayores y sus lavados, el almuerzo de hoy viene de un alma caritativa que decidió dar como limosna a la escuela para niñas pobres unos sacos de porotos. Los porotos tienen suficientes proteínas y son excelentes para el hambre, habrá pensado, el alma caritativa que los ofreció al colegio. Habrá pensado que los pobres no tienen ni gusto ni paladar, solo hambre y habrá pensado que era un pecado darselo a los cerdos.

Nana decide no comérselos. En general ella no tiene ni gusto, ni paladar, solo hambre pero esta vez le dan asco los pequeños escarabajos que tienen dentro los porotos. Gorgojos, les llaman. No soporta que suenen en su boca. Tiene hambre, pero ella siempre tiene hambre, con el pan se las arreglará.

La monja le grita que es una mal agradecida. Eso es lo que menos entiende Nana, el afán de agradecimiento por algo que a ella le parece un castigo. No ve razón de agradecer.

Nana sabe que eso es la basura de otro y sabe que las monjas comen otra cosa. Nana tiene diez años de edad y es pobre, pero no es tonta y como por milagro tiene conciencia de ser persona. Nana se siente fuerte.

Nana llegará hasta la rectoría- la llevarán arrastrando- y se le exigirá que coma del plato en el suelo. Se trata de quebrar su orgullo nefasto, le dicen. Hasta arrodillada y frente al plato, Nana levantará la cabeza y volverá a decirles que no. El asco que siente, ya no solo de la comida, la ayuda a mantener la desición y ya no hay vuelta atrás.

La monja directora llorará de rabia, y Nana será expulsada de esa escuela.

Para Nana será un final feliz. ¡Este es un final de película! Nana saldrá triunfante, directamente a los brazos de su madre.

Ahora solo les falta saber de que mierda van a vivir.