El tango, vuelvo al sur, lo conozco por la película “Sur”, cantado por Goyeneche y es de Piazzola. Es con el que lloro todos los años nuevos. Me mata pensar en eso de la “inmensa luna, cielo al revés…” La alternativa a ese trasfondo musical de mi nostalgia es la canción mexicana de “que lejos estoy del cielo donde he nacido…” Aunque los mexicanos tengan el cielo al derecho. Ahora, lo mío es solo un momento, pero que momento. Después de la cena, y en medio de las doce campanadas, en el balcón, mirando la ciudad y los fuegos artificiales. Ahí es que me da por volver los ojos al cielo.

Este año como siempre, vendrán un par de amigos a cenar. No somos ni los más alegres, ni los más tristes. Simplemente es año nuevo y es una oportunidad de disfrutar de nuestra mutua compañía.

Pero cuando salimos al balcón y miramos los fuegos artificiales, se me ha hecho costumbre mirar al cielo, y soy tan bruta de siempre caer en la misma reflexión, todos los años: la eternidad del cielo y las estrellas, como eternos también son el mar y las montañas. Me mata saber que tal eternidad no existe más para mi, porque este NO ES MI CIELO. Este cielo con la Osa mayor y menor, no es el de mi infancia, no está allí la cruz del Sur, la eterna, la compañera. Y yo soy de la cruz del sur. Y si hasta el cielo es otro, la vida ya nunca volverá a ser la misma. Es una señal inequívoca.

La segunda parte de la costumbre es, consolarme con que al menos las tres Marías si están, o sea que la cosa no es pa´tanto. Cálmate cabrita.

La tercera parte de mi rollo de año nuevo, se basa principalmente en el par de copas de champán que se me acumulan, y en que mi marido como todos los alemanes a mí alrededor, sacan sus fuegos artificiales a la calle y empiezan a darle con los ruidos y las lucecitas esas. Ahí me viene esa especie de incredulidad, de la situación que se provoca. Una montonera de adultos, mis vecinos, en la calle, encendiendo sus fuegos artificiales, pero sin dirigirse la palabra entre ellos! Cada cual para su santo, pero en un asunto que sin público no tiene sentido. Desde hace 18 años que me tienen impresionada. Ahí mismo me da la otra forma de mi tontera, y empiezo a arengar a voz en cuello, como si fuera partido de fútbol, a mi marido. En alemán, por supuesto, aquí la traducción.

“pf! Y eso sería lo que nos ofrece hoy el vecino? Ya mi amor muéstrele no más que el suyo es mucho más grande….. eso! Ve que es mucho mejor…. Déle no más cariño, póngale esa bien grande que compró ayer… ah! Bieeeeeen ¡ y como les quedó el ojo con esa?… uf, no se me achique eso no es nada, ahora van a ver…uf, pero eso no calienta a nadie! Póngale un petardito al asunto…” e cosi via…

Cada año estoy peor porque me he ido entusiasmando. Después de esto, generalmente me siento mucho mejor. Debe ser que mi nostalgia me parece más lógica y comprensible que esa celebración en masa de la individualidad del petardo.

Yo me siento mejor. No sé los vecinos, porque jamás han dicho nada. No ha llegado hasta ahora, ni la ambulancia a buscar a la loca del balcón, ni al día siguiente me ha preguntado nadie nada de nada, nunca. No, si es lo que digo yo, da gusto vivir en un país civilizado!

Y por eso, a cambiar la música de fondo: aquí prometo dejarles la musiquita en cuanto Castpost.com deje de tramitarme. Espero ponerles la pena y el jolgorio juntos y revueltos: como la vida misma.

Feliz año nuevo! Y gracias a Sonia y a Ginger en particular, que el cielo las premie con muchos, muchos hijos, todos varones por supuesto.

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