una flor

Pasando frente a la vitrina de una farmacia leí un aviso de crema que decía así:
“Lo mejor de tener 40 es verse de 30”. ¡No puedo creer que eso sea una propaganda que apunte a que las cuarentonas nos compremos la crema! Y es que piénsenlo. Si es por verse joven: ¿con treinta se es joven? ¡Olvídate de creerte joven con 30! A mí que me prometan volverme la cara a los veinte y si no, que me dejen tranquila envejecer con dignidad y belleza. Si, dije belleza, a eso no renuncio si es por verse bien, perdón, pero ¡eso no tiene edad!

Cuando cumplí 35 me cayó en suerte tener el siguiente diálogo con una niñita de 10 años:

– ¿cuántos cumples?
– 35
– (silencio)
– ¿estoy vieja?
– Un poco…
– Pero Mareike! No son tantos…
– Pero… mira ya has vivido casi la mitad de tu vida.

Y ese es el asunto, no es lo biológico, es la conciencia de haber vivido. ¿Eso es malo?

Además, con esta moda de las series de médicos forenses he aprendido que los huesos pueden ser cualitativamente 5 años más jóvenes que la fecha de nacimiento del propietario o propietaria. Por supuesto, también pueden verse 5 años mayor de lo que realmente son. Ténganlo en cuenta la próxima vez que decidan quitarse años.

No es que esté en contra de las cremas, por el contrario, hidratación superficial y estimulación de la irrigación sanguínea hacen bien, aunque el aspecto de alguien sano y contento consigo mismo no se basa en la aplicación de cremitas. No es tan fácil borrarte de la cara una vida mal llevada.

Siempre en toda edad hubo cosas que me molestaron de mi, y cosas que me gustaron, y así sigue siendo. Algunas que no me gustan nada llegaron para quedarse, pero otras me parece que fue recién ayer que me dejaron por fin en paz. Otras las conservo, buenas y malas.

La decadencia y la enfermedad, aún no son un tema, pero lo serán, todo a su tiempo. ¿Cuándo exactamente? ¡No sé! Pero sé que no es una barrera de un día para otro, y sé que cada cual tiene su propio ritmo. No se es viejo/a por decreto ley número 44.

¿Y será que de verdad los años no pueden ser tomados como la oportunidad de aprender algo? ¿De verdad cambiar, ponerse frágil, es tan terrible? o ¿será solo que no nos sentimos con derecho a seguir teniendo sueños y esperanzas? Y eso si que friega. Tengo que pensarlo, tengo que pensar en ello, ahora que pueden quedarme otros cuarenta y tantos años por vivir. Con suerte, o mala suerte.

Sigo teniendo confianza en que la vida es más misteriosa de lo que nosotros nos podemos imaginar. No dije fácil, ni buena, sino misteriosa y eso debería alcanzar. Todavía me alcanza.

El apogeo físico y biológico de los 25 años es subyugante, pero con 40 sabes que la inmortalidad era una falsa promesa. Mareike ya me lo recordó a los 35. Justamente en esto se basa una especie de orgullo de los años que hasta aquí he acumulado, porque sé que nada es en vano. Y sé que es bueno cerrar puertas, y es bueno dejar atrás y es bueno no tenerlo todo. Hay sentido. Lo dicho: la vida es misteriosa y sorprendente.

Estoy suficientemente mayorcita como para ser políticamente correcta sin que me dé vergüenza: quiero irme de este mundo pensando que por lo menos traté de ser lo mejorcito que se pudo con el material que había.

También estoy suficientemente mayor como para saber que envejezco, y que oponerse o me llevaría a la muerte, o a perder el tiempo que tengo, o simplemente a la amargura que me pondría fea, y eso si que no.

p.s. El monito arriba es una florcita que me mandó Asterisko (Germán Miranda). Chas gracias. Queda constancia: Todavía me mandan flores!

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