El niño juega. Saltando y blandiendo su espada de goma, habla con lo que está delante de él. Puedo ver que la lucha es contra algo grande: el niño mira hacia arriba. Cae herido y se levanta. Ánimo y valor, concentración, confianza y diversión.

Es divertido verlo con su escudo y el collar de su abuela, el que fue alguna vez un collar hippie, hoy es el medallón del príncipe. Mi príncipe azul marino profundo.

Se ve que es uno de esos juegos que lo divierten y no le producen conflicto. Juega solo.

Mi hijo se gira, y me ve:

– Soy un príncipe y cuando sea grande, me voy a casar con una…, una…

Cuesta a veces que las palabras estén a la altura de nuestros pensamientos. Trato de ayudar.

Una princesa…

¡No! Una…

Una reina…

¡No!… no importa si no es princesa… pero ¡ella tiene que matar los dragones conmigo!

Pienso que la falta de la palabra para “Ritter”, caballero andante, en femenino lo ha hecho formular un deseo muy bonito. Pienso que no se me tiene que olvidar recordarle su deseo cuando crezca, y la vida le presente el par de dragones que le tenga preparados.

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