Que me contara el sueño que había tenido esa noche, no tiene nada de raro, nosotras siempre nos estábamos contando qué habíamos soñado y lo que nos interesaba en realidad era como nos habíamos sentido en él.

Soñé que se moría la Eli- me dijo- y yo veía como entraban el cajón en una habitación vacía con una sola puerta, y después entraban Pedro el marido de la Raquel y después tu tío Mariano Peña.

No me acuerdo lo que comentamos, lo que sé es que ni ella ni yo pensamos más en el tema hasta que vino con la noticia de que Mariano había tenido un infarto en plena vía pública y que se había muerto. Ahí fue cuando me acordé que la Tía Eli había muerto de una descompensación de su diabetes, Pedro tuvo un accidente mortal en la moto al llegar al puente Ñuble y que el tío Mariano había sido el último en entrar a la habitación y en morirse.

Encuentro que salir gritando fue una exageración de su parte. Yo me quedé conforme sabiendo cómo la psiquis nos cuida. Eso es lo que ella debería haber pensado. Ni yo ni ella recordamos este sueño hasta que todo estuvo terminado, de hecho ella no habría notado la relación entre sueño y realidad jamás, si yo no se lo hubiera hecho notar.

Es que es tremendo que te pase, yo no quiero volver a soñar- me dijo. Pero volvió a soñar igual. Todos soñamos.

En todo caso, yo aprendí. Cuando soñé, años más tarde, que ella estaba metida en un cubo abierto a la vista, como un banco de una plaza pública y no podía salir, me prometí no decirle nada, aunque supe que ella tenía problemas en cuanto desperté.

Lo que vino después no hizo sino confirmar que tengo razón, porque nunca se me ocurrió pensar que cuando llamara para preguntar por su salud me avisarían que se acababa de morir.

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