Un día van a llegar y me van a decir que no, que esto no lo debo comer, que esto no lo debo hacer. Un día va a ser vox populi lo ridícula que me veo tomada de la mano y caminando por las calles con mi pareja. Besarse en público, cuando más les parecerá dulce, eso si nada de dejar vislumbrar un atisbo de pasión, que eso dará asco. Llegará el día en que me digan que no, que ya esto no, y que lo otro tampoco.

El día en que el puesto de trabajo no sea para mi, aunque nadie me pregunte si soy capaz aún de cumplir con él. Simple y llanamente, ya no.

Va a llegar el día en que por decreto de los otros, sin atender a mi cuerpo que también me traicionará sin contemplaciones, me mandarán a casa por ridícula.

A lo mejor, y solo para seguir siendo quién soy, para horror de parientes cercanos y lejanos y todos aquellos que desde que tengo 25 me recuerdan mis limitaciones de acuerdo a mi fecha de nacimiento, digo, a lo mejor en ese momento me da por dedicarme al Rock.

Si tengo suerte, claro. Sin dientes la trompeta se hace difícil, y con artritis la guitarra es una tortura, pero siempre seguir cantando al sol será una alternativa.

( The Zimmers, Click!)

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