Todo empezó con un post de Beya. Que si las mujeres somos contradictorias y que si alguien hizo una lista con 50 de estas contradicciones. Yo las clasifico en lo que Dn. Nicanor Parra habría llamado verdumnias, o sea, mitad verdad, mitad calumnia.

Con ese tipo de textos una se ríe mucho, pero uno también, lo que ya nos corta un poco las carcajadas. Así puestas a ser mujer, a una le bajan las ganas de informarles a los señores representantes del sexo opuesto que ellos tampoco son de lo más coherentes y que la vida al lado de ellos no es de una claridad y simpleza precisamente meridianas. Eso quería, pero se me hizo imposible y me salió este escrito.

Les explico. La primera de las dificultades con la lista de las 50 contradicciones masculinas, fue mi flojera de escribir sobre un tema que me parecía tan evidente, pero claro, leer los comentarios será entretención segura, pensaba. Será casi como leer a los que el Casciari se hizo acreedor por meterse con lo del catalán en Cataluña. Serán menos quizás, pero sabrosos y con menos insultos por cantidad de caracteres tipiados. Vale la pena intentarlo, decíame.

Lo otro que me pasó fue que no soy capaz de encontrarles una contradicción a los hombres sin pensar en la mujer como parámetro. Y el chiste no era hablar de las contradicciones entre hombres y mujeres sino solo sobre las de los hombres.

Me pasa que pienso, por ejemplo, que el coeficiente intelectual de un tipo que pregunta indignado por sus calcetines- “sus” de él, ojo- al vestirse por la mañana, y mira perdido en lo que se le abre como el infinito cuadrado de su ropero, y al que su mujer se los ha puesto “en el lugar de siempre”, no puede ser el mismo IQ que ostenta el caballero que sale más tarde a trabajar y es capaz de o tomar el bus o irse manejando en un auto, lo que le exige la coordinación de distintos movimientos e incluso el encontrar primero las llaves. Pero es el mismo, ¡oh! Milagros del señor.

Una mujer sabe donde están los calcetines de ella, los de él y los de algunos otros seres humanos con pies, a parte de saber si están limpios o sucios. Es igual a quien le toque lavar. Lamentablemente estoy segura que es el grado de importancia que le dan al asunto lo que les dice si vale la pena retener la información en el cerebro, y esto da al traste con la supuesta contradicción masculina.

Pensé entonces en otra posible contradicción que ya les comenté antes aquí, pudiendo mear sentados lo hacen parados. Pero eso es porque somos las mujeres las que limpiamos los wáteres. Así no es contradictorio y se me atraviesan otra vez las mujeres.

En el fondo hay una contradicción masculina en especial que me hipnotiza y que no me deja espacio, al no dejarme salir del asombro, de verles las otras en detalle. Y es esta que se expresa en la famosísima frasecita: “te quiero, pero no te quiero”. Es increíble la cantidad de hombres casados sin querer. O sea, casi podría pensarse que ellos iban pasando por ahí, y justo había un casorio, y les preguntaron si querían, y ellos pensaron que como de algo conocían a la novia y entre “ponerle y no ponerle, más vale ponerle”. Listo, casado, cuatro hijos. Y así son, están pero no están en esa relación, en esa casa, en esa familia, con esa mujer.

Y este tema de las contradicciones en lo sentimental mezclado con lo mono lineal de sus pensamientos me da para largo y me confunde definitivamente en el tema de este post… Y como ya me fui a la chachu con el temita, y todo da lo mismo, una última reflexión al respecto (¿?)

¿Se imaginan una mina a la que el marido llama furioso a la oficina y le dice que sabe que tiene un affaire con el vecino? La pobre no podría seguir trabajando, le da el ataque, corta y llama al susodicho vecino para avisarle, tendrían que darle un valium y se desharía en llanto igual, a lo mejor se lo niega todo al marido, pero se iría corriendo a contárselo a su mejor amiga. O sea, escándalo, de seguir en la oficina nada, de otra responsabilidad que no sea con su drama, cero.

Si le pasa a un hombre, al teléfono le dirá a la “histérica” de su mujer, que “no es lo que ella cree” y que en ese momento no tiene tiempo, porque está trabajando y que ya hablarán del asunto cuando el vuelva a la casa, cosa que hará lo que sea por evitar más tarde. Filo. Y se irá a terminar con lo que estaba haciendo antes de la llamada, claro.

No es que los hombres no puedan pensar en dos cosas al mismo tiempo, o que no puedan retener en la cabeza el lugar donde dejaron los calcetines, es que se concentran solo en una y priorizan. ¿Como lo hacen? No tengo idea pero se los admiro profundamente. A pesar de que terminen con un infarto al miocardio.

Ahora, en cuanto encuentre el hilo del relato de nuevo, capaz que les cuento de las otras 48 o 47 contradicciones masculinas, aunque necesitaría como 6 u 8 post y, aquí entre nos, no creo que valga la pena.

 

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