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Hoy Adrián me miró y me dijo: Mamá. como eres bajita y delgadita uno podría pensar que eres muy joven, sino fuera…- aquí silencio profundo de mi parte pero más profundo aún de parte de mi amado esposo- …sino fuera porque se nota que eres vieja.

La sopa que comíamos se nos salió hasta por las orejas! que risa… nos reímos horas… pero eso fue a la cena y ahora han pasado un par de horas y me voy a la cama y me pregunto de que mierda me reía!

Coda:

Que me cuenten historias de niños me encanta pero tengo que contar inmediatamente la que a mi me gusta más de todas las que yo he vivido.

Cuando tenía 20 años tenía una vecina que estaba pasando por un mal momento. Su marido se había arruinado y ella había asumido todas las deudas, las que en 5 años según la ley chilena, se condonarían automáticamente, eso si, siempre y cuando no se encontrara como cobrarle.

Así las cosas tomó a su hijita de 4 años y dejo su ciudad de provincia para vivir su exilio en la capital. Su vida no era nada de lo que se imaginó que debería ser, y ni siquiera estaba cerca de lo que simplemente pintaba que sería un par de años antes.

Ella estaba bastante deprimida. Lo malo era que como estaba muy sola, de vez en cuando lloraba y se desahogaba con la niña.

Un día me contó que llorando le dijo a la niña: “Ay! R. me gustaría morirme!”La niña era inteligente y sensible, e intuyó enseguida que morirse no era chiste y se puso a llorar desconsolada y desesperadamente, pidiéndole: “no! no te mueras mamá!”. Y allí estaban las dos llorando, cuando la niña reacciona y mirándola con seriedad y serenidad, sin llanto, le dice: “bueno, pero si te vas a morir, yo quiero que la pal-ita sea mi mamá.”

La vecina me lo contó entre risas, me dijo que el pragmatismo de su hija le había devuelto a la realidad, y de paso a la alegría.

Los niños siempre encuentran un camino, pero hay que dejarlos.

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