Estoy sentada frente a ella. Es Decir, estoy sentada frente a ellos, pero es ella la que me habla.

Me entero entonces de que conocen a Denisse y a Rob desde hace años. Rob y su marido juegan al fútbol todos los domingos y allí se conocieron los cuatro, aunque fue durante el tiempo de la separación de Denisse y Rob que se acercaron realmente. Rob necesitó apoyo y ellos se lo brindaron.

Denisse es una gran mujer, agrega.

– Mi marido y yo nos alegramos mucho cuando volvieron, y también cuando nació su primer hijo… Si, todas las parejas tienen sus problemas, pero lo importante es superarlos, como Denisse y Rob, remata.

Yo la miro, la escucho y pienso que es una mujer cuidada y bella. Debe estar cerca de los 60tas. Es, para mí, la típica esposa de profesor universitario alemán. La falta de problemas económicos a lo largo de su vida adulta- o tal vez lo contrario, pero a buen nivel- se le nota. La mayoría de las parejas presentes en la fiesta, son menores, mucho menores. Haciendo salvedad de los padres de Rob y Denisse.

La mujer del profesor me mira todavía con los recuerdos perdidos en el tema de la separación y de la reconciliación, y me dice:

– Yo también… nosotros también, como ellos, estuvimos a punto de separarnos… pero no al inicio de la relación, como les pasó a ellos, sino mucho más tarde, cuando los chicos se fueron de casa a la universidad… los dos teníamos otras parejas… yo me enamoré, me enamoré mucho… fue difícil volver a mi matrimonio… todavía no sé como lo logramos…

Su marido la mira sin hacer comentarios. Asiente. No parece molesto con lo que cuenta su esposa, más bien, me dan los dos la apariencia de paz. Ella agrega entonces que todo fue poco a poco volviendo a su cauce después del sufrimiento. 34 años de matrimonio, cuenta. No sé si debo felicitarla, felicitarlos.

Denisse se acerca y toma su hijo recién bautizado y dormido en mis brazos y me anuncia que debe amantarlo ahora, que así podrá seguir dormido, que el horario se les ha revuelto. El niño mayor viene detrás a exigir atención, es ahora que la quiere, quiere mostrarle que también puede subir la escalera solo, como los niños grandes. A ese déjalo ahí! Le ordena. Denisse trata de hacer las dos cosas. Denisse trata de dar en el gusto al mayor y ocuparse del menor. Ya se sabe, ella es una gran mujer.

En cuanto me saca el niño me paro y me voy a saludar a Andrea. No es que huya del profesor y su mujer, pero tampoco tengo ganas de quedarme allí sentada toda la tarde.

Andrea está hoy con su pareja, es una chica tan bonita como ella. Dos mujeres de treinta lejos de la etapa de los estudios en la que nos conocimos. Le ha ido bien a Andrea, tiene un trabajo que le gusta y una chica que parece, además de bonita, inteligente y simpática. Las saludo y me confundo, Andrea no me la presenta como su pareja, ni novia, ni mujer… no entiendo… ¿tendré cara de conservadora con mis niños y mi quehacer de dueña de casa?

Hablamos de fútbol, lo recuerdo porque ellas estaban muy informadas y me dio risa que lo estuvieran… a mi me gusta mirar a los futbolistas, y encontrar al buenazo de turno, pero a estas dos ese comentario no les interesará… pensé… me preguntan por mi, y yo les cuento lo que de todas formas ya sabrán por Denisse: no, no estoy trabajando… bueno, no fuera de casa… no, no me gusta, pero no soy capaz de dejar los niños solos y ya sabes, aquí no hay salas cunas… y el rollo este de entregarlos a alguien no profesional, no me convenció nunca… culpa mía todo, digo. Y además, ni idea que irá a ser después de mi vida.

Y entonces me fijo en los ojos de la chica de Andrea, que se llama Claire- ¿están casadas? ¿Qué fue lo que me contó Denisse?- miran al suelo. Cuando sube la mirada, me mira a mi, y me dice que a ella si le gustaría quedarse en casa un tiempo. No me atrevo a preguntarle si quiere niños, pero ella me lo dice, le encantaría quedarse en casa y con niños. Andrea mira para otro lado. No sé si darme por enterada que son pareja y preguntarle a Andrea si no les da el dinero para cumplir el sueño de Claire. Pero no me atrevo, es meterme en vida ajena y no quiero. Pero le digo que ojalá pueda hacerlo, que ojalá se cumpla su deseo.

Denisse vuelve con el niño y vuelvo a quedar sentada, esta vez frente a la madre de Rob. En este lugar bautizó a Rob, me cuenta. Sonrío, me da alegría que pueda repetirlo con su nieto. Me cuenta lo difícil que fue volver con un niño sin padre a ese pueblo y que gracias a sus padres, los de ella, pudo trabajar. Para él y para ella. Ya lo sé, ya me lo contó Denisse alguna vez. Mucho más no me dirá ese día. Siento una oleada de afecto hacia ella y orgullo ajeno.

No, no me molesta que me cuenten la vida, ni acurrucar niños ajenos en los brazos. No.

 

ps: el nombre de este… digamos… relato, es cortesía de Laviga. Se le agradece.

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