Hay cosas que son puro simbolismo.

Una vez conversando con una amiga, le preguntaba si en Chile sex and the city había tenido tanto éxito como acá.

Ella me dijo que si, pero que en esa época no podía ver tele. La miré con cara de pregunta y me dijo que fué antes de separarse, justo antes.

En esa época ella estaba siempre cansada, cuando llegaba a la casa del trabajo, eran los niños los que decidían que ver y ella agradecía no tener que pelear o retar o revisar tareas. Tele y ya.

Más tarde ya en la cama, era el futuro ex el que decidía que ver. La tele estaba en el dormitorio. Por algo sería.

El siempre tenía algo urgente que mirar. Fórmula uno, fútbol, una de vaqueros o una de guerra. Ella se dormía antes de cualquier tipo de final.

Así como iba el asunto, creo que ella también estaba agradecida de que él viera tele y así no le diera más instrucciones.

Un día y en medio de una pelea él se fue a casa de su mamá unos días. Eso dijo él. Allí quedó mi amiga, con uno menos con quién discutir, con más de su sueldo pa’ella misma y con el comando a distancia en la mano y en una cama- de pronto- gigante en donde desparramarse.

Es raro, pero ver la tele que quisiera le encantó. Recuperar a los niños le fué más difícil pero también más gratificante.

Decidió mandarle las maletas al susodicho y empezar de nuevo.

Se las haré breve: volvieron, pero desde que ella supo lo que era tener en las manos cosas tan secundarias como el mando a distancia, o unas vacaciones sola por Europa que eran su sueño dorado, o algún otro sueño piojento de irse con las amigas por ahí sin pensar si alguien la necesita, está mejor. Están mejor.

Yo puse mis barbas en remojo y me pregunté qué onda con el mando de la tele y me di cuenta que los martes son míos, míos… que no hay discución, mientras que los miércoles son de mi maridito, y no se discute.

Enano no ve tele de lunes a viernes. Tampoco se discute esto, los sábados y domingos puede, pero también hay otras cosas que hacer y el muchas veces las prefiere.

Igual al mando le llamamos desde hace mucho tiempo atrás: el poder y la gloria. Mucho antes de la historia de mi amiga. Mi marido y yo entendimos intuitivamente que si, que es un símbolo y que mejor es ponerse de acuerdo.

Son las cosas pequeñas las que nos frustran, las que nos ahogan y que terminan haciendonos la vida insoportable. Sin perjuicio de las grandes, claro está.

Es como dice dn. Nicanor- y yo no me canso de repetirlo- el verdadero problema de la filosofía es quién lava los platos.

PS: nótese que este post puede ser femeníno o masculino. De eso NO VA el asunto.

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