Una vez una de mis cuñadas por parte del menor de mis hermanos me cortó el pelo a un centímetro de la bocha. Y además me pintó un retrato… el pelo creció y mi cuñada se convirtió en ex, y el cuadro ? Un día cualquiera entró en mi dormitorio y se lo llevó… los pintores creen que sus obras son de ellos para siempre. Ese cuadro era mio, yo era la que estaba allí dentro… que poca visión de parte de mi cuñada (ex)!

Fue una época en la que yo venía saliendo de sufrir mucho y nunca voy a saber como mi cuñada (ex) logró pintar todo el proceso de curación por el que yo estaba pasando en esos tiempos. Era el retrato de una convalecencia, de la vuelta a la salud. Esa etapa del dolor cansado de una cicatriz, del color verde violáceo de la piel golpeada. Y ella vino y se lo llevó, pintó blanco encima y puso quién sabe que otro motivo encima.

Así me quedé sin el mejor retrato que han hecho de mi.

Es terrible cuando alguien te hace un regalo tan impresionante y luego te lo quita sin más ni más.

Mi hermano me trató de consolar explicándome que así es cuando los pintores no consiguen estar conformes con sus obras, y que un amigo pintor era peor aún, porque cuando se aburría de su supuesta mediocridad tiraba todos sus cuadros al río Mapocho.

A veces todavía pienso en ese cuadro, porque en esos años me miré veinte veces al espejo sin verme realmente, hasta que mi cara apareció en ese cuadro.

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