Debe ser que en mi familia reírse demasiado o llorar, la emoción que se muestra, es sinónimo de debilidad y ridículo, que yo siento atracción fatal por películas, cuentos o creaciones que muestran un segundo de emoción, o alguna de esas conmociones profundas que nos da la vida a todos, más tarde o más temprano. De esas que nos congelan la sonrisa irónica, de esas que nos dicen mirándonos a los ojos: y?! ríete ahora!

Me pasa que si alguien abre una ventana de su sensibilidad y me permite verla por un segundo a través de un par de lágrimas o, por ejemplo, ofrece un desnudo total y primer plano de su egoísmo, al expresar ella en mi presencia un deseo que a lo mejor no tendría ni el derecho de soñar… pero se lo permite y yo estoy allí para vivirlo, me pasa que me pregunto si no es esto que veo, un mensaje a mi persona, una interpelación de la vida directamente a mi.

Al final todos somos lo mismo señoras y señores, no nos sintamos ajenos al fenómeno.

No sé como se renuncia a esa manera de sabiduría y conocimiento que son el sentir. Supongo que se hace para no sufrir. De mis padres lo entiendo, mi padre tenía, ya lo he dicho antes, una madre loca y un padre sádico, y mi madre una madre pobre, y por eso ausente, y un padre que los abandonó a su suerte: a su mala suerte. ¡No estaban como para ponerse a sentir profundo!

Por otro lado ya sé que el miedo al desate de los sentimientos puede ser poderoso y regidor.

Supongo que también será porque no todos somos iguales y no todos somos así de emocionales como yo, o como mi padre lo fue, o como es mi hijo, o como es mi sobrino menor y así no todos tienen la necesidad vital de acomodar en su lugar, y experimentar también, esa parte del cuerpo que es el sentir. Y ejercitarla.

Pero ese subgrupo humano y familiar que les nombro es el que sufre con la falta de educación emocional. Nos revolvemos sin entender cuál es nuestra falla de fábrica, dónde estuvo el error. Como si este karma de sentir, de tener que sentir, fuera solo y únicamente una maldición.

Pero no llorar las frustraciones, no reírse con el idiota que todos llevamos dentro, es también no saber buscar ni ofrecer los brazos abiertos para consolar a cualquiera, también a ti mismo. Es no saber como ofrecer la mano para acompañar, y menos saber que te la están ofreciendo y debes aceptarla. Con las penas pequeñas, con las emociones que te ofrece el día ensayamos. ¿Qué vas a saber sino como se hace con las grandes?

¿Quien sabe nombrar más de cinco emociones? Como se puede tener respeto real por algo que ni siquiera nos atrevemos a nombrar, y menos a mirar a la cara. Como darles el lugar que les corresponde sin dejarlas que nos atropellen, si no conocemos su fuerza ni su distancia? Cómo saber cuál es el sentimiento adecuado? y sobretodo, cuál la expresión de este que corresponde!?! Y no en el sentido de con qué cara me veo menos ridículo, porfavor.

Hay tantas maneras de llorar, tantas de estar contentos, de estar satisfechos, tantas de sentir frustración, tantas de sentir vergüenza, tantas de tratar de no sentir nada… tantas maneras de sentimientos y de reprimirlos. Supongo que tantas como sentidos del humor. Tantas como seres humanos existen.

Anuncios