Advertencia (a manera de disculpa): este post tiene muchos links, pero se puede leer y mirarlos, o simplemente leer y no mirar ni un link. Qué tanto OH!

Uno de mis hermanos trabajó una vez en publicidad, y alguna vez yo le comenté lo estúpida que me parecía cierta propaganda en la tele, que ya ni recuerdo. El me respondió con una pregunta: “…a ver, y cuál era el producto publicitado? porque si te acuerdas, tan mala no era, y menos tan estúpida.”

Me acordaba poh!

La verdad es que una parte de la publicidad tiene que estar dirigida a que nos acordemos del producto y otra a que, por lo menos, no nos sea antipático.

En todo esto pensé cuando le daba mi vuelta al blos de Fernando y mientras me reía con los carteles que muestra él en su último post, reflexionaba que esa gente no anunciará por la tele, pero conoce la fuerza de la risa en sus carteles. Porque, que una se ría es una cosa deseada, pero todos son publicidad, se les diseñó para alcanzar un cometido final, no para que nos riéramos solamente.

Hace unos días leía en un diario de mi país, que en un pueblo de la costa este año alguien, no se sabe quién, decidió poner algunos carteles decidores para los señores turistas. Cosas como:

“Señor turista, mi pueblo era limpio antes de que ud. llegara con su mierda.”

“güevones de mierda tiren la basura en los basureros”

Salieron hasta en el diario, y dicen que desde que estos cartelitos acompañan a los típicos ” Prohibido tirar aquí la basura. Utilice los basureros habilitados. Multa X UT” los señores turistas entendieron. Este verano la basura estuvo controlada y el pueblo no quedó pa’l gato después de las vacaciones.

Exito total.

Me reí mucho, mucho con esta noticia, sobretodo me reí de pensar en qué clase de personas son las que necesitan que les digan las cosas a las chuchadas? Qué clase de gente es la que no le asusta que lo pillen y tener que pasar vergüenza y pagar una multa, y se siente interpelados recién cuando se les dice lo mismo pero florido !!??? O sea, hablando se entiende la gente, pero había que buscar las palabras precisas: “conchetumadre déjate de ensuciar!” Aclaro que también habían unos del tono: “si te pillo tirando basura chancho mugriento, te saco la chuchatumadre” No todo era cambio de lenguaje, sino también del tipo de multa, o sea, había contenido nuevo.

Hace poco un finlandés turista en Isla de Pascua le sacó una oreja a un Moai para llevársela de recuerdo, decían los del diario, y va a pagar una multa que es un chiste para un primermundista y pasar un par de días preso que, eso si, no es chiste para nadie y menos para un primermundista. Carteles y advertencias hay, pero parece que no son suficientes, hace algunos meses el padre de la actual ministra de Bienes Nacionales- aquí corresponde un PLOP! y meganique PLOP!- le había pegado un rayoncito con una piedra a otro Moai para mostrar lo blandita de la piedra de la que están echos. Y tenía razón, culto él, sabía lo que decía. Preso, multa, vergüenza y patrimonio cultural dañado.

Entoces a lo mejor, pensé yo, la mejor inversión que puede hacer el Estado en defensa del patrimonio cultural, es poner al finlandés a escribir carteles del tipo arriba descritos en su idioma y que se los diagrame y diseñe el papá de la ministra que, creo, es arquitecto. No faltará el que coopere con cartelitos en este tonito en inglés, en alemán, etc, etc, etc.

Si no sirven, por lo menos nos reíremos y sentiremos la satisfacción de por una vez haberles dicho lo que pensamos.

Porque, eso pensamos… o no?

Y a lo mejor muchos museos se ahorraban tanta parafernalia en torno a algunas obras con solo poner este tipo de carteles:

“su baboso ignorante, esto que ve, es una colección de botella que juntó Neruda!!! saque sus manos de mierda de encima o va a ver que lo sacamos de lo que es patada en el culo si no entiende.

Gracias.

La dirección”

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