Una hereda mucho más que de los genes, en uno viven más que las herencias genéticas.

No es mucho lo que me queda de la jovencita habitante de Izmir que con catorce llegó a Chile a casarse con su tío de cuarenta.

A la sefardí que me dió jugo de frambuesa, dulces árabes y de alguna manera su nombre, la recuerdo contradictoria haciéndole mandas a la virgen, la recuerdo judía trabajando para ella y sus chicos, la recuerdo llena de historias a medias. La recuerdo turca feliz cuando yo le bailaba la danza del vientre. Dura como piedra defendiéndose, blanda y ligera como una buena brisa queriéndome.

Fueron pocos años los míos con ella que me dejaron un montón de cosas que preguntarle.

Siempre que escucho algo en ladino, pienso en su acento, en su manera de querer a muerte y en su orgullo de que yo casi, casi lleve su nombre.

Palomba- mi madrina- me dejó una herencia que no tengo que andar buscando por ninguna parte, y que aunque no sea de esas que se ven en el espejo, tampoco se me puede perder.

Yasmin Levy

Anuncios