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Ya sé… ya sé… pero es que en estos años del furor con la genética, nos ha tocado escuchar tanta cosa, que si los cerebros son distintos, que si la orientación en el espacio, que si esto o que si lo otro. Por eso es bueno saber que aunque nosotrAs ya tengamos la bocha deforme y nos cueste estacionar en linea, hay otras, las que vienen, que si las tratamos como si pudieran, lo logran.

Y aquí lo que realmente quería mostrar:

DICEN QUE LAS NIÑAS…

TODAS ÍBAMOS A SER REINAS

(Gabriela Mistral)

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán…

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

-“En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar.”


Una vez a la semana me subo al auto y soy dueña de ir con él a donde quiera. Y ese día quiero, generalmente, subir un key board y partir a dejar a mi hijo a su clase de música.

La mayoría de las veces me subo apurada y apurando a mesié, el joven talento del teclado, al auto. Arreglo los espejos, corro el asiento hacia adelante y paso a buscar al segundo talento musical del barrio, que comparte clase con mi enano para que así yo comparta pagos con sus padres y todo el talento no se pierda por falta de dinero- 40 € los 45 minutos, por pigmeo pitecantropus, y porque es amigo de un amigo. Sin impuestos.

Entonces enciendo y salta la radio con lo último que mi marido estuvo escuchando en ella. Si es la radio, la cultural, todo bien. Pero si es un cd es… es… ¡es cualquier cosa!!! me puede aparecer cualquier cosa… a veces me da un ataque de rabia que en este rincón del mundo me atrape una mierda de reageatón o como se llame o escriba… una versión electrónica de la chica de Ipanema … ¿nunca podrá una estar suficientemente lejos de este tipo de modas?? … a veces es rap en portugués o cualquier otra cosa que no van para nada con el ánimo que llevo en ese momento y me dan ganas de matar… por ahí me agarran unos ritmos árabes que por su monotonía parecen recordarme que no puedo escapar de mi propia existencia comprimida en ese auto… creo que alguna vez fue la Carla Bruni con su vocecita mínima y su guitarra ridícula, ahí si ya prefiero no conocer el criterio con que la eligió… y además los niños y el apuro, demasiado para mis nervios.

Les recuerdo que mi marido baila, baila samba brasileña y si lo dejo, hace rato que bailaría hip hop… y que a eso se junta con que le gusta la música rara, mezclada, y que para encontrar busca. El tipo es curioso. Terrible ser parte de sus búsquedas… a veces.

Ayer me subí al auto para llevar a una amiga al médico- fue a un circo, se escapó un chimpancé, subió a las gradas hasta donde ella estaba con hija y marido y la botó… conmoción cerebral… varios días en cama- le tocaba el control. Lo de siempre subí, cambié espejos y asiento y partí. ¡Dios!

Miren lo que había:

Dicen que cuando la gente cambia de improviso de costumbres seguro que tiene amante!!!

En realidad lo llamé enseguida por teléfono para preguntarle de dónde había sacado el cd, me dijo que de Clara, una buena amiga mía española.

Todavía no la llamé para confirmar, pero lo haré.

Qué quieren!? Yo prefiero la versión con ukelele. La encuentro más liviana, pero no por eso menos profunda.

Por mi parte, estoy preparando una cantada, o sea solfeáda… se entiende? solo necesitaría quién me diera el tono. Me gustaría incluso proponerla como himno del “día del comentarista de blog”. Queda hecha la propuesta.

No me importa si no me entienden, la culpa es de uds. Yo ya hice el esfuerzo.

Aquí se las dejo, primero la versión “clásica” y luego al Ukelele. Uds. decidan cuál les gusta más.

Se murió Robert Rauschenberg. El 12 de mayo.

Tenía 82 y de pobre nada. Una se alegra- no de su muerte, sino- de que haya muerto en la abundancia de la isla que, según dice el diario, fue comprando pedazo a pedazo.

Yo no escribiría sobre él si no fuera porque ya tuve el tupé de hacerlo una vez (acá), y porque en el periódico de la mañana apareció un artículo sobre él que contaba una anécdota que una vez más me releva lo complejo que es llegar y mirar una obra y creérsela que se la conoce por estarla viendo por los ojos.

El personaje que se conoce a través de la prensa me es terriblemente simpático. Lee el resto de esta entrada »

Es raro como la gente que fuma, o mejor dicho, que deja de fumar, mejor dicho que lo está intentando, sienten el mal humor que trae encima y cree que los demás nos damos cuenta… o que molesta.

Es decir, a veces puede ser que nos la demos, pero a veces es simplemente muy gracioso ver luchar a otro con sus vicios y saber de sus pequeñas miserias. Molestan menos de lo que entretienen.

Será eso? Será que allí nos vemos reflejados todos? Al final cada cual tiene sus vicios, decía una vieja y se comía los mocos. O será que soy pesada nomás? O todas las anteriores.

Yo creo que es sentido del humor… lo mío.

Pero a ver, miren acá al Mask y díganme si no es pa’la risa.

ps: Con mis sentidos recuerdos a MIRIAM