Me bajé del bus y… si si si, a pesar de lo que todos pensaron después, no iba en bicicleta por Santiago ese día, no fue por ser güehón y andar en bici en una ciudad como esta, donde las micros son criminales y blablabla- pinche prejuiciosos- digo que me bajé del bus y atravesé por delante del microbus.

Por supuesto que no sé de dónde habrá salido la otra micro, pero me supongo que quiso adelantar a la que me dejaba bajar y así quitarle los posibles pasajeros pasando él primero por los paraderos. Eran los tiempos antes del transantiago y no había planes llenos de horarios. Era la libre competencia, que se dice.

Yo solo sé que de pronto me sentí volar, y lo peor, aterrizar. Lo primero que pensé fue “me mató”, lo segundo, y cuando ya estaba en el suelo, fue “bah! estoy vivo!”. No sentí ningún dolor, pensé que había tenido suerte y listo. Ilusiones adrenalínicas.

Cuando me quise levantar, me di cuenta que no podía. “Que cosas señor!”, pensé.

La gente se empezó a acercar y yo no podía respirar bien. Llegaban corriendo y me miraban. Yo los miraba. Entre ellos se preguntaban qué pasó. Algunos respondían. Uno me preguntó si estaba bien, y otros se rieron y le contestaron, ” ‘ta como tuna, güehón”. Después supe que uno de esos mismos había llamado desde su celular a emergencias y a los pacos en cuanto caí al suelo, prácticamente. Chistocitos ellos, pero efectivos.

Pero entonces yo no lo sabía y no entendía como podía estar allí sin poder moverme, igual que esos escarabajos que se van de espaldas y ahí se quedan. Estaba empezando a pensar en la impresión que me dió cuando mi abuelo me mostró uno y me dijo que si lo dejaba así, de espaldas, se moría. El escarabajo solo, no era capaz de darse la vuelta. Estaba empezando a pensar en él cuando veo llegar corriendo a mi hermana.

En cuanto la vi, pensé: me salvé! Ahora cuando se acerque le digo que en el bolsillo de la chaqueta está una credencial de un servicio de ambulancias de lujo, que pago mes tras mes y esta era la mía, de usarla. Yo que lo pago pensando en un infarto y mira que lo voy a usar en un vulgar accidente del tránsito. Igual, lo que cuenta es la atención.

Uno piensa raro en casos como estos. Ahora lo sé.

Pero cuando mi hermana se acercó lo suficiente para verme la cara, y yo estaba abriendo la boca para contarle lo de la credencial y el teléfono que en ella había y el rollo, la veo abrir a ella la boca y ponerse a gritar como condenada. “Es mi hermano!!! es mi hermano!!!…aaaaaaaaaaaaah!!!”

Y claro soy su hermano. Nos parecemos mucho fisicamente, dicen.

A la semana cuando salí del hospital se lo eché en cara y lo único que me respondió fue que “No sabíh la impresión que da ver a tu hermano atropellado en el suelo!?”

Efectivamente, yo no sé lo que es eso, asi que me quedé calladito. No fuera cosa que le diera un infarto de solo recordarlo. Ella no tiene el servicio de ambulancias que tengo yo.

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