Hay canciones que cuando las escucho no me lo creo que hayamos- plural, si señores- tenido tanta fe. Sería la juventud y la poca experiencia, digo yo.

Me acuerdo de una anécdota de alguien famoso, creo un músico, pero no estoy segura… este señor en cuestión se casó con una mujer mucho más joven y se llevaban bastante bien, y lo principal, parecían enamorados. Un día cualquiera, este señor sorprendió a sus amigos de toda la vida por segunda vez- la primera fue al casarse con una mujer mucho más joven- les comunicó su separación.

Alguno se atrevió a preguntarle por qué, por qué no funcionó, y él tratando de encontrar una razón, algo tangible que ofrecer respondió: “… ella… no conocía las canciones…”

( Y con esto no termino el ciclo, porque ya saben, es septiembre el mes de las patrias y además el blog es mío.)

Por quien merece amor

de Silvio Rodríguez

Te molesta mi amor,
mi amor de juventud,
y mi amor es un arte
en virtud.

Te molesta mi amor,
mi amor sin antifaz,
y mi amor es un arte
de paz.

Mi amor es mi prenda encantada,
es mi extensa morada,
es mi espacio sin fin.
Mi amor no precisa fronteras;
como la primavera,
no prefiere jardín.

Mi amor no es amor de mercado,
porque un amor sangrado
no es amor de lucrar.
Mi amor es todo cuanto tengo;
si lo niego o lo vendo,
¿para qué respirar?

Te molesta mi amor,
mi amor de humanidad,
y mi amor es un arte
en su edad.

Te molesta mi amor,
mi amor de surtidor,
y mi amor es un arte
mayor.

Mi amor no es amor de un solo,
sino alma de todo
lo que urge sanar.
Mi amor es una amor de abajo

que el devenir me trajo
para hacerlo empinar.

Mi amor, el más enamorado,
es del más olvidado
en su antiguo dolor.
Mi amor abre pecho a la muerte
y despeña su suerte
por un tiempo mejor.
Mi amor, este amor aguerrido,
es un sol encendido,
por quien merece amor.

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