Por una cosa de experiencias personales, siempre pensé que salir de una derrota, pena o desilución sacándose un poco el polvo de encima, sin darle a la tragedia, y mirando para delante, era lo que más me gustaría enseñarle a mi hijo. Liviandad.

Después pensé que era raro como cuesta con los años creer que las cosas nos sean regaladas, y disfrutarlas. Parece que aprendiéramos con el tiempo lo de no ser digno de lo que  recibimos sin esfuerzo. Asi es que pensé que quizá lo que se deba aprender sea a ganar. Disfrutar.

Hoy la radio me trajo una canción de los 80tas, una que era un éxito apoteósico cuando llegué a este planeta “primermundo”.

Es la canción oficial de mi generación en Alemania, se canta siempre que se cumplen años… 30, 40… 50… porque el refrán dice: “maldita sea! pasó hace tanto tiempo!” … y aunque el autor – pobre- vomite, todos se sienten identificados.

La canción habla de crecer, nomás, de que uno pierde el tiempo buscando y de tanto buscar se pierde el encontrar, no sabes por un instante que era, ni donde querías hacer qué. Compara la etapa donde todo es empezar a vivir, todo es suerte con aquel momento en que el devenir a veces nos deja con la boca abierta de asombro. No era lo que esperabas.

Pero pasa, el tiempo pasa. Y esa etapa del asombro también pasa. Es que tiene que pasar el tiempo hasta que tu mismo  te tengas “cachadito” – en chileno- o hasta entenderte a ti mismo, que diría el filósofo.

Y si lo miras bien, dice el tipo: uno no está resignado, sino bastante desilusionado.

Si, eso dice la canción.