Me gustan mis tías paternas.

Son bajitas como yo, como mi abuela, su madre. O eran, me quedan dos de tres.

Además no fueron mujeres agraciadas. No. Ellas lo que fueron, fueron señoras educadas, y con un gran sentido del humor, especialmente para reírse de si mismas. Ya me gustaría a mi haber heredado esto junto con la poca altura que me tocó!

Siempre me he preguntado como fue que mi padre- un señor alto, distinguido y atractivo, según las descripciones de la época- no sacó nada de ese humor. Mi padre, como yo misma, era un ser humano serio y sensible. También fundó escuela en la familia, mi papá, somos varios los de ese estilo. Para los hombres es aún más dificil, supongo, tanta sensibilidad. Lo veo en mi hijo.

Si bien tuvieron todos una madre loca y un padre- en el mejor de los casos- ausente, a ellas las salvaron sus propias tías, mis tías abuelas, mujeres que ya en el siglo XIX habían conseguido tener una casa independiente de los hombres de la familia, gracias al trabajo de profesora y luego directora de colegio de la mayor. No sé si esto les impidió casarse o más bien les hizo posible ser las 3 tías solteronas de la familia, las que ofrecieron protección y amor a esas chicas, hijas de su hermano, mi abuelo. Mis tías a su vez siguieron el ejemplo de las tías abuelas y a principios del siglo XX se convirtieron en ese tipo de mujeres que apreciaban el ser educadas, e incluso una de ellas llegó a ser profesional. Igual que sus tías.

Mi pobre padre en cambio siempre estuvo lleno de miedos. Será que fue él al que las tías no pudiéndolo salvar de la madre, lo sacrificaron dejándolo al cuidado de la loca y sus empleadas y mandándolo a un colegio lleno de chicos que no entendían a este bicho raro que prefería silbar y dibujar el día entero, este que temblaba al saber que tendría que volver pronto a casa. Miedo al llegar a casa y que la loca estuviera de malas. Se trepaba a un árbol del patio, y allí arriba con panes de azucar y libros esperaba la llegada de sus hermanas. La loca abajo, el arriba.

Una dulzura y una belleza la loca, unos ojos preciosos los de la loca y normalmente además su edad mental de máximo 17, no le permitía ser mala realmente. Lástima que esas dos cualidades, belleza y dulzura, no sirvan para ser buena madre. No alcanzaron ni de lejos.

De mis tías puedo contar como una de ellas me decía que el único que la llamo linda en su vida fue mi tío, que por eso se caso con él, no por agradecimiento, OJO! sino porque ella dedujo que había que ser muy inteligente y bueno para verla bonita a ella y decírselo más encima.

Envejecieron dignas estas viejas, sin desesperación en mantener belleza que no tuvieron. Siempre fue agradable verlas y era una suerte sentir su compañía. La presencia de la menor durante la enfermadad de mi padre fue sanadora para mi y la mano protectora de la mayor fue salvadora para todos. Estoy agradecida.

Definitivamente apoyo el método de criar hijos en familias grandes, hay una mayor oferta de maneras de vivir y ser felíces, una mayor posibilidad de seguir al que mejor esté de la cabeza, o por lo menos que te consuele porque te entiende, el que se parezca más a ti.

Ah! mis tías! Cómo me faltan.

* así las seguía llamando con cariño mi madre, ya todas cercanas a los 80 años.