… a veces.

Digo, porque tengo un trabajito más o menos sin importancia- ni económica, ni intelectual- y tratando de formarme para que no me lo quiten, acá frente al computador, a veces una dispara mucho más arriba de lo que pensaba.

Buscando cosas que me ayuden a escribir sobre lo político y lo económico voy y me encuentro con esto de acá abajo.

Plis, tómense un minuto para leerlo, les aseguro que saber que alguien pensaba así, da alegría.

Yo, en esto, pienso como ella, además.

Si, por lo tanto, se encuentran en una misma línea la falta de salida en que cayó nuestro mundo y la expectativa de que se produzca un milagro, esa expectativa de algún modo nos remite fuera del ámbito político original.

Si el sentido de la política es la libertad, esto significa que nosotros, en este espacio y en cualquier otro, tenemos de hecho el derecho a la
expectativa de un milagro. No porque creamos (religiosamente) en milagros, sino porque los hombres, en cuanto pueden actuar, son capaces de realizar lo improbable y lo imprevisible, y lo realizan continuamente, aunque lo sepan o no.

Hannah Arendt: A Dignidade da Política, Editora Relume Dumará, Río de Janeiro, 1993, p. 122.

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