(No me da vergüenza hablar de esto. Lo siento por los que se querían reir un rato y yo les salí con esta. Es lo que hay. Como siempre para estos: circulen, circulen. No hay obligación de leer, ni de opinar.)

En Alemania negar el holocausto es un delito.

Tiene condena, supongo que irá desde una multa a penas de cárcel, dependiendo de cómo y dónde se haga.

Uno simplemente no puede como Richard Williamson- el obispo este- ir descartando por ahí en medio de una entrevista con un medio sueco, la posibilidad de que seis millones de judíos murieran a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y estimar así al ojo que a lo sumo hubo “entre 200.000 y 300.000 muertos en campos de concentración, pero ninguno en cámaras de gas”.

No es un asunto de falta de cultura o un caso de opinión política un tanto especial, ni siquiera un asunto de evidente moral. Y menos una cosa religiosa. Acá- en el país que vivió y aceptó a Hitler, donde la mayoría lo siguió- es un delito negar el holocausto.

Por esto se atreve la Sra. Merkel a meterse con decisión, por eso el Cardenal Lehman se atreve a decir que no, que no se puede perdonar sin que te pidan perdón, sin reconsiderar el error de cálculo,  como quién dice, de este Sr. Williamson. Por eso el escándalo.

Así las cosas el mismísimo Papa, decide aclarar el caso, le pide una corrección pública al Obispo este de sus numeritos y de paso de sus convicciones.

No es un caso de creencia, ni de cómo se vive dentro de cada religión, la religiosidad. El holocausto es un hecho histórico. Y un crimen a la humanidad, y negarlo, acá en Alemania, nos convierte en cómplices.

Antes de lanzarnos contra la iglesia, contra los alemanes o contra quien nos parezca el representante de lo atrasado e inmoral, toquémonos el medallón, como dice mi amiga Cleira. Es decir, pensemos que onda con nuestras víctimas de las violaciones a los derechos humanos.

En mi amado paisito dentro de la lista de 3000 detenidos desaparecidos oficialmente aceptados, porque hay también  inoficiales, han aparecido algunos casos – 4 o 5 hasta ahora- que no es claro que hayan sido víctimas de la represión, sino más bien, simplemente salieron rajando. Leía en el periódico el caso de uno que se fue a vivir a la pampa argentina y allá fundó otra familia, y ahora aparece todo compungido.

Lo escandaloso no es que existan estos casos, lo escandaloso es que han aparecido políticos de derecha- nunca distanciados en Chile de su pasado golpista y antidemocrático- que han empezado a relativizar al más puro estilo Williamson (en realidad con bastante menos estilo) los campamentos de Pisagua, los torturados, los fusilados en Calama, el estadio Chile, las mujeres y hombres violados, para decir que no fue para tanto, o mejor, que no fue. Se han atrevido incluso a acercarse a las familias de estas gentes a exigir, a preguntar, lo que en el fondo no quieren escuchar que se les responda. La respuesta es tan clara como visitar Buchenwald acá en mi esquina.

Pero esta vez no tengo ganas de darle la culpa completa a la mentada derecha, la responsabilidad de tener un análisis de ADN fiable de los restos encontrados en las fosas comunes es de la Democracia, que en Chile ¡es centro- izquierda! Y que lleva 20 años allá arriba en las alturas, y todavía no lo logra.

Que nunca se haya aclarado del todo los casos de violaciones a los derechos humanos en Chile tiene responsables que no son los militares calladitos, ni los partidos de derecha, ni los empresarios que aprovecharon su posición privilegiada bajo la dictadura, ni la iglesia conservadora, no sólo ellos lo son;  los que saben, los que fueron elegidos para aclarar, los que tuvieron el poder de hacerlo y no lo han hecho, esos son más responsables aún.

A mi no me extrañó cuando el asqueroso de Contreras, el director de la policía secreta del innombrable, me hizo creer que de veras había una lista donde salía Sara, mi amiga, mi vecina y que era una de las lanzadas al mar. No niego que lloré de pensar en sus padres preguntándose si la habrían lanzado ya muerta. No niego que llorara pensando que eso era, que ya, que así nomás fue. Tampoco niego que cuando salió en el diario que el viejo de mierda no había dicho la verdad, que había vuelto a jugar con la opinión pública y hasta con los jueces, pero en primer lugar con los “futuros deudos”, me enojé conmigo misma por creerle.

Sara y Rosa siguen desaparecidas y siguen siendo la herida de sus familias, en la que cualquier hijo de puta mete el dedo cuando quiera. No es delito hacerlo.

Por eso cuando veo que en este país se reacciona como se reacciona y se tienen las leyes que se tienen, me alegro de vivir acá. Me alegro.

Antes de levantar el dedo acusador, pensemos como andamos por casa.

ps: Acabo de leer en la prensa que el señor este vive en las cercanías de Buenos Aires, en un convento, que ya pidió disculpas por haber sido “descuidado” con sus palabras en público. Como quien dice, se le salió lo que pensaba. Por acá lo busca una  fiscalía. Que situación tan dolorosamente típica.

PS2 y el caso Eluana, que viene a preguntarnos sobre lo mismo, cómo convivir y solucionar problemas desde distintas perspectivas morales y sin embargo, bajo la ley y en democracia. Será posible?

Saviano tiene un artículo maravilloso. Acá click.