Mira, no te lo voy a negar.

Me quedé de una pieza cuando entré y te vi ahí sentado como todas las tardes- antes de morirte, claro- frente a la tele.

Es que el día en que te encontré también frente a la tele pero con el infarto, tampoco me extrañé. Por eso cuando llamé a la unidad coronaria ya era tarde. Disculpa.

Pa’ que estamos con cuentos Joaco!

Tú eras parte de mi paisaje y seguro yo parte del tuyo.

Pero diálogo, o mejor dicho, que yo dijera algo y tú me escucharas, (o al revés, tienes razón. ¿se me notaba?) En fin, que hace rato que no pasaba.

Ese día no te dirigí la palabra por miedo a que me respondieras, pasé directo a la cocina y casi me da un soponcio cuando me gritaste que te llevara la cerveza. Te la llevé y te la tomaste.

Qué te quedai mirando ahí?

Me dijiste, y yo me alegré, el departamento está pagado con tu seguro, yo recibo un montepío desde que te moriste y tú ahí frente a la tele. Mi vida está completa de nuevo. Bueno antes de que te murieras más bien estaba llena y ahora tendría que estar completa. ¿Me entiendes?

Es que después que te moriste lo pasé terrible. Los niños están grandes. Mario en Madrid y la Paolita con sus eternos problemas con el marido. No tienen tiempo para mi y los entiendo.

El otro día pasé a ver a la niña y estaban peleando, le dije: esto no puede ser mijita, no se puede vivir con el enemigo en casa, no le responda todas las que le tira, cállese, aprenda a callarse.

¿Y sabes lo que respondió?

¿Y terminar igualito que tú y el papá?

Me callé, que es lo que mejor me sale desde hace siglos.

Ahora contigo acá frente a la tele, todo volvería a ser como antes, porque tú me necesitas Joaco, si hasta muerto te viniste pa’ la casa será por algo. Pensé.

Y fue bueno sentarme en silencio como antes, a tu lado. Traerte la cerveza, cortarte la carne como a ti te gusta, para comer mirando el fútbol con el puro tenedor.

¡Quién me iba a decir a mí que los fantasmas comían!

El problema empezó con que la cerveza no era la que te gustaba a ti. Cierto, yo tomo de otra. La tuya es muy amarga y si ya no estabas…

Y con las chiquillas vamos los martes al cine y comemos fuera y tú que no soportas cualquier sándwich que te deje.

Y fútbol no veo.

Además no te gusta que venga nadie a vernos. Igual que antes nomás.

Con lo de la cebolla que si no te la pico finita te hace mal, fue que no pude más.

Joaco si estai muerto, de qué salud me hablai oh!? Muerto y loco, pensé.

Y te vengo a decir lo mismo que le dije a la Paolita: Joaco. No se puede vivir con el enemigo en casa. No te pienso discutir. Prefiero echarte de menos, pero ya no soy capaz, no puedo vivir contigo y menos muerto.

Viví un año sin ti y lo siento, pero me acostumbré.

Quiero que si estás muerto, lo hagas como los demás y no estés. ¿Cómo no van a tener sillones y tele por allá?

Además a mí que no me venga nadie a cambiar el contrato: hasta que la muerte nos separe, me dijeron. Y eso es lo único que te estoy pidiendo.

Y ahora que Marito me mandó un pasaje aprovecho y te lo digo: me voy a Madrid y tú que estas fantasma, no vienes. No te pienso llevar.

Y por mientras me saco pasaporte, me pienso comprar un perro que se eche justo en tu lado del sofá así no me caigo pa’ese lado cuando me empiezo a quedar dormida, viendo mis películas “tontas”, como dices tú.

Sonia me lo va a cuidar que pa’ eso es vecina y amiga mientras esté en Madrid.

Joaco, mañana me compro además un sahumerio que la misma Sonia me recomendó, pa’ espantar los espíritus. Sale más barato que el siquiatra que me recomendó la Paolita.

La Sonia tiene mundo poh! Cuando le conté lo que nos estaba pasando, altiro pensó en sahumerio, la Paola – pobre ella, tan corta de horizonte- en siquiatra y Mario, pragmático, me mandó un pasaje pa ir a verlo y arrancar. Así mismito me lo dijo.

Encontré que después de todos estos años de matrimonio, lo mínimo era advertirtelo: mañana, sahumerio Joaco. Disculpa.