Me acuerdo de mi madre contándome que los gringos le ponían azucar a la ensalada. Qué cara de asco contra los incultos que poníamos! Puaj! como pueden, pensábamos.

La misma que puso mi marido cuando le conté que en Chile se comen humitas- especie de tamales- y se les pone azucar, y todo con una buena ensalada de tomates con cebolla picada pluma al lado.

La famosa ensalada existe acá también, pero lo mejor es que mi marido no se acordó antes de poner cara de asco, que ellos le ponen mermelada de bayas silvestres al jabalí, o al ciervo. La caza se come con mermelada.

Parece que no somos capaces de vernos si no viene alguien y nos lo hace notar.

Ayer Adri me comentaba que en el colegio se hablaba de la costumbre en otras culturas de bailar con máscaras. Ellos pensaban en áfrica, el carnaval de Oruro o quien sabe en que “cultura autóctona”, no se les pasó por la mente Venecia, ni menos lo evidente: Adrián lo que más odia del baile en las calles de su carnaval es justo, justo esas máscaras de brujas hechas en madera!

Yo se lo hice notar y le advertí el contenido racista que esto encierra. Con mi deber no más cumplo.

Lo que definitivamente me llevó a comentárselos en este blog, es una columna en el diario de hoy.

Un sr. Ganderats que pueden mirar acá: CLICK, nos cuenta que en España se editó un libro sobre “la historia del canibalismo”, por supuesto que del canibalismo en España o Europa, ni una palabra.

Este señor nos ofrece entonces un pasaje muy interesante en  un documento castellano de la época de Alfonso X que estuvo vigente hasta el siglo XIX, en el que en caso de extrema necesidad se autoriza al dueño de castillo a comerse a su hijo antes que entregar el castillo, off course! Plop! Juajajaja y etc.

Incluso se le considera tan civilizado al asunto que se encuentra entre documentos llevados y llegados a las indias occidentales. O sea, nosotros.

Por otro lado cuenta como a Gabriela Mistral- la premio Nobel de poesía-  la sacaron a patada el culo de su cargo de consul chilena en Madrid, cuando se hizo pública una carta privada escrita por ella, en la que contaba como Unamuno abogaba por la desaparición de todos los indígenas americanos, o como Pio Baroja insultaba cuando podía a estos mismos. Pobre Gabriela.

Bueno más pena me daría, sino fuera porque justo a la Mistral le conozco unas cartas en contra de los españoles que no son ni Baroja, ni Unamuno y contra los chilenos que tampoco yo tengo la culpa.

Qué terrible son los prejuicio.

La Arendt dice que son prejuicio aquellos comentarios independientes de nuestra propia experiencia, aquellos que comienzan con “se dice…” “dicen que…” Yo le agregaría, que son aquellos comentarios que engloban y generalizan mirándote a los ojos, aquellos de los que no te puedes defender porque están basados en observaciones que incluso podrán valer para el grupo, pero que no puedes transmitirla al uno/ una. Y ahí está una cuando alguien me dice: es que uds los chilenos… y yo tiríto!

Y la Arendt sabía de esto, era judía.

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