Se va.

Ayer le llegó el contrato.

Son 3 meses, una porquería pero algo es algo.

Algo es algo porque todos sabemos que el tema de sus trabajos, Latinoamérica, no le interesa a nadie.

Por ejemplificarles el caso, había que poner CNN para entender algo de lo que pasa en Honduras, los alemanes no tienen a nadie que lo explique.

Si Àfrica nunca llegó a existir realmente, el tema de América al sur de Estados Unidos terminó de desaparecer del mapa con el avión ese que puso al petróleo y sus peligros sin tapujos en el centro del interés del primer mundo.

China, Japón, Asia hacía rato que les estaba haciendo gallitos y demostraciones de fuerza. Se decidieron a ver que quieren decirles.

El Instituto este, donde la despedimos, no está aislado dentro de esta super isla que es el primer mundo, y así cerraron la rama de investigación al respecto.

(Un amigo de Princeton- amigos que una se gasta- me contaba que allá avisaron que quienes tuvieran manuscritos al respecto los fueran guardando nomás, porque no serán publicados. La crisis destapa las prioridades.)

No entiendo como esto se entiende en conjunto con el gran interés por aprender castellano.

No existimos, como en el cuento de Hernán  Caciari pasa con África, y que yo le escribí al revés poniéndole  Sudamérica en donde él ponía África.

Me acuerdo de sus lectores,  de como en realidad era cierto que África no les interesaba, y yo meditaba como en el poema de Brecht:

“primero se olvidaron de África, etc …ahora se olvidan de Sudamérica, pero ya es demasiado tarde… etc”

Nos sentimos tan lejos de África.

Es un error.

Hoy se fue, ella era la última profesora de Política Latinoamericana, y cuando la despedíamos y yo le preguntaba por las condiciones de su nuevo contrato, ella me contestó que el director de su nuevo instituto de investigación social a donde iría, se murió hace dos días, que no tenía idea de las condiciones, solo 3 meses de contrato.

51 años, tenía el director.

Nadie sabe que pasará con el proyecto de investigación que tenía que alimentarla.

Yo, ave atrasadísima en estos vuelos de buscarme la vida, a la espera de cualquier cosa que tenga algo que ver conmigo y sin embargo feliz de la existencia y de mis logros, magros pero dignos, se me recogió el alma.

Qué mierda es la vida?

Y solo atiné a cantarle esta canción, tratando de consolarla e invitarla a lo inevitable: seguir adelante.

La idea de no tener vergüenza de ser feliz me persigue, y sin embargo es la linea que dice algo así: a la vida “todos la queremos aunque sea una vida equivocada la que llevamos, nadie quiere morirse, todos queremos salud y suerte…” la que me conmueve en este punto.

Ni vergüenza de ser feliz, ni vergüenza de pedir se puede tener.

A ver que sale.

Le deseo suerte. Me la deseo, se las deseo.