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Se acuerdan de este panfleto mío en torno a una carta del dibujante Leo Rios?

Este que dibujó un libro para niños que fue premiado, pero solo se nombra al escritor y no a el?

Bueno, ahora y por la gracia de tener un blog donde la gente va y deja opiniones, mensajes y demás, me enteré de que sirvió la carta de Rios y su denuncia pública.

El año pasado 2008, se entregó el premio al libro infantil, pero esta vez a quien escribió y a quien dibujó.

Qué alegría da cuando unirse a algún alegato sirve para algo.

Acá lo que me dejaron en el post:

“Tengo una amiga que se benefició de tu carta y gestión; el libro que ella ilustró ganó el mismo premio el 2008, y por primera vez ese año se dividió el premio entre el autor y el ilustrador.

GRACIAS!

acá se puede ver el trabajo de mi amiga: http://www.tierradehojas.cl”

Con lo de tu carta y gestión se refiere a la carta y gestión de Leo Ríos, por su puesto, yo acá solo soy del coro y gracias.

Y además, mea culpa que no le pregunté más por el tema a Chris… ahora voy y le pregunto detalles.

No creo que una tenga que estar orgullosa del lugar donde nació o creció. De hecho creo que a veces hay razones para tener hasta vergüenza, pena o rabia al pensar en ese lugar.

Pero creo que es sano para aquellos que tuvimos una infancia en un lugar determinado, simplemente, sentir afecto, una especie de amor cuando se piensa en nuestra infancia o en ese tiempo importante que nos formó y nos impregnó de determinada manera.

No siento amor por la cordillera, las cosas no se aman -cuando se dice eso, es solo una metáfora- y sin embargo me emociona de una manera más compleja que el decir que la quiero no lo expresa.

Además yo no cuestiono que otros puedan tener dos patrias, mis sobrinos son mexicanos. Pasa de todo, puede pasar de todo con las patrias que nos tocaron.

Para mi los lugares son la gente, pero si no me quedara nadie en Chile, sería como en la canción del Milanes, igual al caminar por las calles de Santiago pensaría en los que faltan.

Sentirme ajena me hace sufrir, por eso elijo no sentirme ajena. No soy masoquista,  soy chilena nomás.

Una vez en Londres mi hermano, que ha pasado muchos más años de su vida fuera de Chile que en Chile, y yo pensábamos en una cueca que escribió la Violeta (Parra) en Paris. Mi hermano es escritor y sabe lo que es vivir de eso en nuestro país, es escritor y sabe del ambiente y de las pequeñeces humanas en el ambiente cultural de nuestro país. Mi hermano y yo nos reíamos hablando del país- ni sé que era lo que comentábamos- y en una de esas a mi se me ocurrío cantarle esa cueca: “¿Pa’ qué me vine de Chile/ tan bien que’staba yo allá..?” Jajajajaja… nos reíamos.

Y de pronto mi hermano me dice, “la pobre… en Chile la trataban pésimo, no tenía reconocimiento, ni plata, y en París estaba exponiendo sus arpilleras… ¿te imaginas la nostalgia que debe haber tenido para escribir esa cueca?”

Ahí quedamos, imaginándonosla.

¿Por qué me vine de Chile
tan bien que yo estaba allá?
Ahora ando en tierras extrañas,
ay, cantando, pero apená’.

Tengo en mi pecho una espina
que me clava sin cesar
en mi corazón que sufre,
ay, por su tierra chilena.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al merca’o
y comprarme un pequén.
Ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo mi bien.

Antes de salir de Chile
yo no supe comprender
lo que vale ser chilena:
ay, ahora sí que lo sé.

Igual que lloran mis ojos
al cantar esta canción,
así llora mi guitarra
ay, penosamente el bordón.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al merca’o
y comprarme un pequén.
Ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo mi bien.

Qué lejos está mi Chile,
lejos mi media mitá’,
qué lejos mis ocho hermanos,
ay, mi comaire y mi mamá.

Parece que hiciera un siglo
que de Chile no sé na’,
por eso escribo esta carta,
ay, la mando de aquí p’allá.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al merca’o
y comprarme un pequén.
Ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo mi bien.

Ni numero cinco, ni seis, ni acentos, ni borrar pa’tras… tampoco tengo esa letra rara en aleman que  se llama “etzet”.

Si bien es cierto que con Garcia Marquez y con Fontanarosa- me busco apoyo donde puedo- no siempre me importa la correccion ortografica o lo de las buenas o malas palabras,  desde el amor, eso si, al idioma como instrumento con su historia y su poder, pero, PERO!!! esta vez no soy yo, es el.

El compu, mi amado laptop tiene cortocircuitos!!!!

Ahi quede a la voluntad de mi soporte tecnico – y economico y hasta emocional, ya que estoy- que me prometio que en cuanto pueda me resuelve el problema.

Aqui me quedo esperando.

Pero no es divertido trabajar con este coso en este estado, que quede claro.

(Afortunadamente hay puesta al dia: velaton)

No me acuerdo que día exacto era este que hoy recuerdo.

Tampoco me acuerdo que era lo que estábamos pidiendo.

Total era como decía una amiga, en esos tiempos, “coma sopaipillas y abajo XXX8!!!”, queremos comer y abajo XXX8!!! “tome coca-cola y abajo XXX8!!” Lo principal, lo teníamos grabado, era la segunda parte de la petición.

En esa época era fácil topar contra alguna ley.

No se podía estar más de determinado número de personas en una esquina, si había reunión familiar tenías que avisar a la comisaría, entonces menos podíamos elegir centro de alumnos o hacer una fiesta en la facultad sin pedir autorización a los guardianes de nuestra paz y orden. El toque de queda duró más de una década.

Estas son algunas de las cosas que recuerdo , porque yo era muy chica cuando el innombrable se puso a la cabeza de la dictadura y había cosas que no sabía que se podían hacer sin pedir permiso, sin tener miedo o sin arriesgar consecuencias.

A veces eran cosas insignificantes, a veces cosas que no tenían que ver con vida o muerte.

A veces no pasaba nada si no cumplías, a veces si pasaba.

Por ejemplo, fuimos la primera generación que pagó por la educación universitaria, se acabaron las becas, y fuimos también los primeros en ir a colegios municipalizados. No votamos con 18 años, no tuvimos derecho ciudadanos hasta que ya ni sabíamos en que consistían y perdimos la capacidad de imaginarlos. Y lo que tuvimos, lo que alcanzamos,  nos lo ganamos a punta de imponerlo.

La generación  de los 80tas.

Hasta hoy seguimos sintiendo que pertenecemos a esa década fatídica, los que pedimos, los que queríamos, los que de alguna parte nos salía no aceptar que nos dijeran, no discuta la medida, no se meta en problemas, si ud come no reclame que otro no lo haga, no se meta que no es su asunto. Siempre hay los sin aspiraciones y los que se creen que lo que a otro ser humano le pasa no es asunto de el, esos que cuenten ellos como eran sus vidas, yo no sé y no es que noquiera saber, es que no tengo tiempo. Tengo mucho que contar.

Pero sigo, decía que no me acuerdo que día fue y tampoco que era lo que pedíamos. ¿Más dinero para la uni y que no compraran los dos helicópteros de guerra? ¿O sería la vuelta de los profes exonerados? ¿O habrían matado a algún estudiante en alguna protesta? Pero lo que más molestaba con certeza era nuestro: abajo XXX8.

Me acuerdo nomás que ese día yo estaba en la facultad de ciencias de la universidad de Chile, en la sede de Las Palmeras, y yo era de Olivos. Me acuerdo que en algún momento dejé de estar en el portón de la facultad donde la gente se amontonó para gritarles a los carabineros, que siempre llegaban a “cumplir con su deber” y nosotros cumplíamos con el nuestro, piedras iban y venían, y gases lacrimógenos, las molotovs y las balas en algún momento de parte de ellos, armas en las puertas de las facultades no recuerdo, pero puede haberlas habido. Todo era posible.

Si, los carabineros también tenían ondas para tirar balines de metal, pero en general, en algún momento sacaban las armas y disparaban balines de goma. Primero.

Así le sacaron un ojo al sobrino de mi profesora básica, estudiante de pedagogía. Pero eso fue en otra protesta, no la que hoy quiero- es un decir- recordar.

En esta solo sé que en algún momento me aburrí- o no sé qué, ni por qué- y me fui hacia los laboratorios. El campus era muy grande y si te ibas hacia los laboratorios era como volver al otro lado de la realidad, sin protesta, sin carabineros con profesores y laboratorios, y hasta gente que almorzaba en el comedor de la facultad. Así era todo. Opciones había.

Me acuerdo que alguien llegó corriendo a buscar ayuda, un teléfono. No había celulares.

Me acuerdo que salí disparada a ver que pasaba, quién era la persona que necesitaba la ambulancia en el portón.

No, no era un estudiante. Alguien dijo en la ronda atónita y silenciosa de los que observábamos y esperabmos la ambulancia, “debe ser un poblador de la villa del lado…” Pero nadie sabía realmente quien era ese chico joven con barba que con los ojos cerrados tragaba saliva, se movía un poco pero sin salir del shock sin despertar realmente, y que seguía allí en el suelo.

Un agujero de bala en la frente se ve como si te quemaran con un cigarrillo, las orillas inflamadas,  solo el charco que va formando la sangre te hace pensar que no, no es.

No sé si sobrevivió.

Así eran esos años, no había diario, ni radio que diera la noticia. Había que estar atento a lo que se dijera desde fuera. Hasta Radio Moscú era más confiable que los periódicos nacionales.

Me acuerdo que algo escribí sobre este caso para el diario mural de la facultad y que un solo profesor, el químico farmacéutico que nos daba clases de física, se acercó a decirme algo. Algo, ni sé que, pero algo.

Debo haberle respondido con mi habitual torpeza en estos casos. No me acuerdo.

Me acuerdo que en realidad no me movió a escribir, lo que escribí esa vez, lo de la bala, lo del poblador en el suelo, lo que me movió a escribir fue que ese día, u otro poco más tarde, las fuerzas especiales entraron a la facultad de ciencias corriendo detrás de los estudiantes y al entrar a uno de los laboratorios rompieron un modelo molecular que a los profesores les había costado tiempo y trabajo armar, eso provocó una reacción de los científicos nacionales con todo y valiente carta a la opinión pública, creo recordar que hasta mentaron a la “inviolabilidad de los claustros”.

El tipo con el balazo en la frente no provocó más que miedo, a eso estabamos acostumbrados, cosa de no mirar y “a mi no me pasó nada”,  la molécula rota si que los indignó.

Una dictadura hace mal a todos, porque nos deshumaniza, nunca hay que cometer la ignorancia de decir: a mi no me tocó. Nos tocó a  todos, aunque fuera vía molecular.

Lo de las responsabilidades ya es otra cosa. Yo me siento responsable de escribir algo para, por ejemplo, mi hijo en estos 11 de septiembre que todavía me queden.

Ya lo dije una vez y lo repito, no me voy a olvidar nunca y no me pienso callar, es 11 de septiembre y de lo que me acuerdo es de la dictadura.

Por algo será.

El verano en Alemania no es estable… es muy luminoso, porque amanece temprano y oscurece tarde, o sea, el día es largo, pero lo que no es, es estable. No.
Puede llover como bestia, con tormentas tropicales que para una persona de Santiago de Chile y sus veranos secos, es un misterio profundo y el horror total porque nunca vió una tormenta de verano antes.

La primera vez que sentí un trueno de aquellos que hacen temblar los cristales, salí disparada a ponerme en el descanso de la escalera! Claro, es lo que haces durante un terremoto. Un terremoto era para mi comprensible una tormenta con rayos, truenos y relámpagos y además calor? no! eso no estaba en mi repertorio.

Lo dicho, este país tiene veranos tropicales, interrumpidos por algunos días de calor húmedo sofocante a partir de los 23 grados y otros simple y llanamente fríos otoñales.
Cada verano es una composición impredecible de estos tres componentes.

Nunca sabes si te alcanzarán los chalequitos livianos y las poleritas de manga larga porque el otoño gana o no sabrás de donde sacar musculosas y pantalones cortos por el calor de mierda. Pero amanecerá a las 4 am y si no lo sabes te lo recordarán los pájaros y la alharaca que arman por un poquito de luz. Malditos.

Como será que en el reporte del tiempo se anuncia el clima para el día y el de la noche. Porque un día luminoso y caluroso puede ser una invitación a lavar ropa, pero no se te ocurra dejarla secando durante la noche en el balcón porque puede llover. O al revés.

Lo otro es que si te compras ropa con mucho estilo y de moda, se te puede envejecer en el armario sino es la adecuada para la mezcla de los dos últimos veranos.

Ahí te quedas. Se usan los pantalones anchos? tú con los pitillos de hace dos años, o al revés.

Esa es la razón principal de los ciudadanos alemanes para buscar un país de clima “seguro” cuando llegan las vacaciones.

Ni les crean cuando cuenta la historia de que es porque allá “si saben vivir!” Estos, como los otros, no cambian su estilo de vida ni aunque les paguen. Humanos al fin.

Mi cuñado llama a sus padres, que viven en España, “asilados climáticos”.

Yo por mi parte, ya se los dije, odio viajar y odio más el ser turista.

Ya sé que es una contradicción con el placer que me da aprender un idioma extranjero, pero esto de meterse al auto y viajar chorrocientos kilómetros para achurrascarse al seguro y constante sol de otras tierras, no me gusta.

Menos desde que por el colegio de Adri, solo podemos hacer vacaciones de verano en agosto, el mes en que caen los patos asados en la Europa de la seguridad climática.

Los aviones si, si claro, ya sé que existen, pero es necesario subirse al coso ese y asegurarse un sol de aquí te las traigo Peter?

Adrián por su parte reclamó que los veranos son para pasarlos en un país extranjero. Estuve a punto de ponerlo en un ferri y pasarlo pa’ la orilla suiza o austriaca para que se le pasara lo aturd’io.

Compasión le habría tenido si hubiera dicho que los veranos eran para pasarlos con los primos. Otra cosa.

Mis amigos alemanes me declararon loca perdida este año porque decidí pasar las vacaciones simplemente en el lago de la esquina.

Bueno, a dos horas de mi ciudad, eso si, con museos y aguas termales por si las moscas.

El verano es para mi el momento de estar en familia y de compartir. Un poco de sol, eso si, ayuda, como un naipe para entretenerse o un juego de dominó.

Este año el clima estuvo de película, no vi más que un solo museo y nada de aguas termales, los chicos lo pasaron estupendamente porque son muy buenos para los deportes acuáticos.

Lo curioso es que mis amigos están que me matan… si, y eso que la mitad que no estaba en el sur del continente es esos días me visitó en mi residencia de verano, pero la otra mitad la del sol ardiente y de la gente abierta y dicharachera me lo toman a mal y me aseguran que fue solo cuestión de suerte.

A mi me da lo mismo, y claro que fue suerte.

Yo no viajé no sé cuántos kilómetros, eso para empezar, y las tardes frente a los veleros, las cenas a las orillas del lago y la alegría de que los amigos que quisieran pasaran a vernos y estar con nosotros unos días pudieran hacerlo, no me la quitan los de la fracción toscana y menos los de la fracción mallorquí y anexos.

Insisto: piensen positivo que hasta el clima mejora.

Me odian, claro.

Es que hasta barato me salió. Je!

Eso si, tampoco me gusta desafiar a los dioses, el próximo año capáz que hago un verano seguro al sur.