(Afortunadamente hay puesta al dia: velaton)

No me acuerdo que día exacto era este que hoy recuerdo.

Tampoco me acuerdo que era lo que estábamos pidiendo.

Total era como decía una amiga, en esos tiempos, “coma sopaipillas y abajo XXX8!!!”, queremos comer y abajo XXX8!!! “tome coca-cola y abajo XXX8!!” Lo principal, lo teníamos grabado, era la segunda parte de la petición.

En esa época era fácil topar contra alguna ley.

No se podía estar más de determinado número de personas en una esquina, si había reunión familiar tenías que avisar a la comisaría, entonces menos podíamos elegir centro de alumnos o hacer una fiesta en la facultad sin pedir autorización a los guardianes de nuestra paz y orden. El toque de queda duró más de una década.

Estas son algunas de las cosas que recuerdo , porque yo era muy chica cuando el innombrable se puso a la cabeza de la dictadura y había cosas que no sabía que se podían hacer sin pedir permiso, sin tener miedo o sin arriesgar consecuencias.

A veces eran cosas insignificantes, a veces cosas que no tenían que ver con vida o muerte.

A veces no pasaba nada si no cumplías, a veces si pasaba.

Por ejemplo, fuimos la primera generación que pagó por la educación universitaria, se acabaron las becas, y fuimos también los primeros en ir a colegios municipalizados. No votamos con 18 años, no tuvimos derecho ciudadanos hasta que ya ni sabíamos en que consistían y perdimos la capacidad de imaginarlos. Y lo que tuvimos, lo que alcanzamos,  nos lo ganamos a punta de imponerlo.

La generación  de los 80tas.

Hasta hoy seguimos sintiendo que pertenecemos a esa década fatídica, los que pedimos, los que queríamos, los que de alguna parte nos salía no aceptar que nos dijeran, no discuta la medida, no se meta en problemas, si ud come no reclame que otro no lo haga, no se meta que no es su asunto. Siempre hay los sin aspiraciones y los que se creen que lo que a otro ser humano le pasa no es asunto de el, esos que cuenten ellos como eran sus vidas, yo no sé y no es que noquiera saber, es que no tengo tiempo. Tengo mucho que contar.

Pero sigo, decía que no me acuerdo que día fue y tampoco que era lo que pedíamos. ¿Más dinero para la uni y que no compraran los dos helicópteros de guerra? ¿O sería la vuelta de los profes exonerados? ¿O habrían matado a algún estudiante en alguna protesta? Pero lo que más molestaba con certeza era nuestro: abajo XXX8.

Me acuerdo nomás que ese día yo estaba en la facultad de ciencias de la universidad de Chile, en la sede de Las Palmeras, y yo era de Olivos. Me acuerdo que en algún momento dejé de estar en el portón de la facultad donde la gente se amontonó para gritarles a los carabineros, que siempre llegaban a “cumplir con su deber” y nosotros cumplíamos con el nuestro, piedras iban y venían, y gases lacrimógenos, las molotovs y las balas en algún momento de parte de ellos, armas en las puertas de las facultades no recuerdo, pero puede haberlas habido. Todo era posible.

Si, los carabineros también tenían ondas para tirar balines de metal, pero en general, en algún momento sacaban las armas y disparaban balines de goma. Primero.

Así le sacaron un ojo al sobrino de mi profesora básica, estudiante de pedagogía. Pero eso fue en otra protesta, no la que hoy quiero- es un decir- recordar.

En esta solo sé que en algún momento me aburrí- o no sé qué, ni por qué- y me fui hacia los laboratorios. El campus era muy grande y si te ibas hacia los laboratorios era como volver al otro lado de la realidad, sin protesta, sin carabineros con profesores y laboratorios, y hasta gente que almorzaba en el comedor de la facultad. Así era todo. Opciones había.

Me acuerdo que alguien llegó corriendo a buscar ayuda, un teléfono. No había celulares.

Me acuerdo que salí disparada a ver que pasaba, quién era la persona que necesitaba la ambulancia en el portón.

No, no era un estudiante. Alguien dijo en la ronda atónita y silenciosa de los que observábamos y esperabmos la ambulancia, “debe ser un poblador de la villa del lado…” Pero nadie sabía realmente quien era ese chico joven con barba que con los ojos cerrados tragaba saliva, se movía un poco pero sin salir del shock sin despertar realmente, y que seguía allí en el suelo.

Un agujero de bala en la frente se ve como si te quemaran con un cigarrillo, las orillas inflamadas,  solo el charco que va formando la sangre te hace pensar que no, no es.

No sé si sobrevivió.

Así eran esos años, no había diario, ni radio que diera la noticia. Había que estar atento a lo que se dijera desde fuera. Hasta Radio Moscú era más confiable que los periódicos nacionales.

Me acuerdo que algo escribí sobre este caso para el diario mural de la facultad y que un solo profesor, el químico farmacéutico que nos daba clases de física, se acercó a decirme algo. Algo, ni sé que, pero algo.

Debo haberle respondido con mi habitual torpeza en estos casos. No me acuerdo.

Me acuerdo que en realidad no me movió a escribir, lo que escribí esa vez, lo de la bala, lo del poblador en el suelo, lo que me movió a escribir fue que ese día, u otro poco más tarde, las fuerzas especiales entraron a la facultad de ciencias corriendo detrás de los estudiantes y al entrar a uno de los laboratorios rompieron un modelo molecular que a los profesores les había costado tiempo y trabajo armar, eso provocó una reacción de los científicos nacionales con todo y valiente carta a la opinión pública, creo recordar que hasta mentaron a la “inviolabilidad de los claustros”.

El tipo con el balazo en la frente no provocó más que miedo, a eso estabamos acostumbrados, cosa de no mirar y “a mi no me pasó nada”,  la molécula rota si que los indignó.

Una dictadura hace mal a todos, porque nos deshumaniza, nunca hay que cometer la ignorancia de decir: a mi no me tocó. Nos tocó a  todos, aunque fuera vía molecular.

Lo de las responsabilidades ya es otra cosa. Yo me siento responsable de escribir algo para, por ejemplo, mi hijo en estos 11 de septiembre que todavía me queden.

Ya lo dije una vez y lo repito, no me voy a olvidar nunca y no me pienso callar, es 11 de septiembre y de lo que me acuerdo es de la dictadura.

Por algo será.