No creo que una tenga que estar orgullosa del lugar donde nació o creció. De hecho creo que a veces hay razones para tener hasta vergüenza, pena o rabia al pensar en ese lugar.

Pero creo que es sano para aquellos que tuvimos una infancia en un lugar determinado, simplemente, sentir afecto, una especie de amor cuando se piensa en nuestra infancia o en ese tiempo importante que nos formó y nos impregnó de determinada manera.

No siento amor por la cordillera, las cosas no se aman -cuando se dice eso, es solo una metáfora- y sin embargo me emociona de una manera más compleja que el decir que la quiero no lo expresa.

Además yo no cuestiono que otros puedan tener dos patrias, mis sobrinos son mexicanos. Pasa de todo, puede pasar de todo con las patrias que nos tocaron.

Para mi los lugares son la gente, pero si no me quedara nadie en Chile, sería como en la canción del Milanes, igual al caminar por las calles de Santiago pensaría en los que faltan.

Sentirme ajena me hace sufrir, por eso elijo no sentirme ajena. No soy masoquista,  soy chilena nomás.

Una vez en Londres mi hermano, que ha pasado muchos más años de su vida fuera de Chile que en Chile, y yo pensábamos en una cueca que escribió la Violeta (Parra) en Paris. Mi hermano es escritor y sabe lo que es vivir de eso en nuestro país, es escritor y sabe del ambiente y de las pequeñeces humanas en el ambiente cultural de nuestro país. Mi hermano y yo nos reíamos hablando del país- ni sé que era lo que comentábamos- y en una de esas a mi se me ocurrío cantarle esa cueca: “¿Pa’ qué me vine de Chile/ tan bien que’staba yo allá..?” Jajajajaja… nos reíamos.

Y de pronto mi hermano me dice, “la pobre… en Chile la trataban pésimo, no tenía reconocimiento, ni plata, y en París estaba exponiendo sus arpilleras… ¿te imaginas la nostalgia que debe haber tenido para escribir esa cueca?”

Ahí quedamos, imaginándonosla.

¿Por qué me vine de Chile
tan bien que yo estaba allá?
Ahora ando en tierras extrañas,
ay, cantando, pero apená’.

Tengo en mi pecho una espina
que me clava sin cesar
en mi corazón que sufre,
ay, por su tierra chilena.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al merca’o
y comprarme un pequén.
Ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo mi bien.

Antes de salir de Chile
yo no supe comprender
lo que vale ser chilena:
ay, ahora sí que lo sé.

Igual que lloran mis ojos
al cantar esta canción,
así llora mi guitarra
ay, penosamente el bordón.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al merca’o
y comprarme un pequén.
Ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo mi bien.

Qué lejos está mi Chile,
lejos mi media mitá’,
qué lejos mis ocho hermanos,
ay, mi comaire y mi mamá.

Parece que hiciera un siglo
que de Chile no sé na’,
por eso escribo esta carta,
ay, la mando de aquí p’allá.

Quiero bailar cueca,
quiero tomar chicha,
quiero ir al merca’o
y comprarme un pequén.
Ir a Matucana
y pasear por la Quinta
y al Santa Lucía
contigo mi bien.

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