Siempre me ha asombrado que se asuma la palabra escrita como una espcie de templo de la hablada.

Se le prenden velas y se da una especie de guerra santa por la ortografía.

Me parece raro porque, por una parte, la palabra hablada estuvo primero y la escrita nace con la necesidad de representarla.

Si bien a nivel espiritual no da lo mismo leer a la Corín Tellado, pónganle, que a Selma Lagerlöf, el cerebro desarrolla las partes necesaria para solucionar el problema de la lectura, así en  general, con cualquiera de los dos textos.

Hablar es “congénito” decir cosas “interesantes”, ya es otro proceso.

Leer se aprende, no nos “nace”. Pero eso no quiere decir que el solo hecho de poder hacerlo nos “eleve”, aunque nos aumente las neuronas. Sin importar si somos hombres o mujeres… no, no es privilegio femenino.

Otra de las cosas descubiertas en estos años en cuanto a la relación entre lectura y escritura es el hecho de que el cerebro “lee” formas, bloques. El cerebro aprende y luego ya se pueden poner las letras en el orden que quieras, el cerebro predice lo que va allí designado.

Es decir, aunque a algunos les duelas las muelas con la gente que tubo problemas en la vida, no es una razón para no entenderles o acusarlas de no preocuparse del idioma. No les preocupa la ortografía, pero esta no es el “idioma”.

Esto puede tener consecuencias, por ejemplo, para la enseñanza y aprendizaje de un idioma extranjero. Pero solo si aprendemos a poner el énfasis en los lugares que corresponden.

Las fijaciones tempranas en la gramática o la ortografía puedenn terminar siendo un problema.

En realidad sería hasta divertido esperar el momento en que algún escritor nos de la sorpresa de una obra profundísima con una ortografía de mierda.

Supongo que esto ya es imposible, ahora cualquiera tiene un corrector de prueba.

Solo que algunos no lo usamos.

Tdos etso lo dgio poqrue apacreió este ariutclo  en el País qeu me praerce fantástico.

No es fácil encontrar artículos de divulgación científica tan claros y entretenidos. Se los reconmiedo.