Yo leo el diario, pero siempre termino en lo que nadie lee. Me interesa todo lo marginal. Casi mi leit motiv que decía mi profe de castellano en el colegio.

Ahora me encontré con una historia que no buscaba, pero que pensé, si yo pudiera contar la mía así, entonces valía la pena el desnudo y primer plano.

Acá, como se conocieron Pía Barros y Jorge Montealegre:

La historia de Pía tiene dos versiones: la de ella y la de Jorge.
Jorge conoció a Pía en un encuentro fugaz en una premiación literaria, y durante dos años se la encontró casualmente en innumerables encuentros de corte cultural.
Pía conoció a Jorge, en 1981, a través de un poema: “Todos los vecinos de mi barrio duermen siesta/ pero hay chicos que golpean fastidiando/ piden pan y no dejan escribir los mejores poemas sobre el hambre”.

Ambos pertenecen a la “Generación NN”, aquellos poetas y escritores, adolescentes de 1973, condenados al silencio, que renacieron como literatos durante los ochenta.
Esta década fue también el contexto que acompañó sus amores y correrías.

Después de leer aquel poema, Pía pensó “ese es un hombre alto, rubio, etéreo, suave y de repente lo vi, creí que era el amigo que andaba con él ­al que encontré más güeno que la cresta­, el Negro González, pero no. Era el del lado. Igual lo perseguí. La Carolita (Rivas) manejó por todo Santiago llevándome a los recitales y lugares donde podría estar Jorge Montealegre. Lo acosé sexualmente y me dijo que no. Fueron dos años de arduo trabajo; una larga inversión de tiempo. Hasta que se acostó conmigo, el 10 de mayo de 1983, en la víspera de la primera protesta nacional. Desde entonces, han pasado 18 años”.

La clave, según Jorge, es el respeto por la intimidad, el amor, el humor y la propia historia que se renueva día a día. Aún más, agrega Pía Barros, “si no puedes reírte con tu pareja, entonces no vale la pena”. Sin embargo, advierte la escritora: “Si hay una cosa que nos enseñó el siglo que pasó es a no creer en los consejos”.

O sea igual que otras parejas, pero ellos son poetas.

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