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Terremoto: Corto seminario de humildad

Feb. 28 , 2010

<!–Escrito por Héctor Soto bajo la categoría :actualidad –>

No somos nada. Tremenda novedad. Eso lo saben hasta los malos filósofos y cualquier metafísico del tango es capaz de peinarse con la idea. Pero es el saldo -el saldo y la sensación- con que uno se queda después de una experiencia así. Los terremotos, con la fuerza que tienen en Chile, son seminarios cortos, pero muy intensivos de humildad. Nos reducen a la condición de cucarachas. Nos exponen a la más absoluta indefensión. Nos enfrentan a las verdades elementales del terror, lo incontrolable y lo desconocido. Sacan para afuera al narciso o al neurótico que llevamos disfrazados; a veces a los dos. Allí donde nos creíamos complejos y cultivados, aparece lo básico que podemos ser. La experiencia o nos deja muy para adentro -bloqueados, aterrados, descompensados- o nos vuelca compulsivamente hacia fuera. Tratamos de hallarle una explicación, algún sentido, a lo ocurrido y como no se lo encontramos ni tampoco lo tiene, nos sentimos pistoleados. Como Job, también nos preguntamos por qué a nosotros. Y, bueno, nos lamentamos y pensamos que nos ha ocurrido una tragedia, hasta que la televisión nos recuerda que siempre hay compatriotas que la sacaron peor.

Los terremotos -qué duda puede caber- están entre los mayores sustos que vamos a vivir. Mi generación ya lleva tres en el cuerpo -el 71, el  85 y ahora- y personalmente ya no quiero más. Malditas placas geológicas: pónganse de acuerdo de una vez por todas.
La catástrofe también pone al desnudo lo vulnerable que somos. Después de tantas ínfulas, la emergencia prueba que las comunicaciones en el Chile de la modernidad no son tanto mejores que en el país anacrónico y de siempre. Las carreteras se cortan, las vías concesionadas se desploman, el aeropuerto se cierra. Menos mal que el agua no se cortó y que la electricidad volvió pronto a gran parte de la zona afectada.

Todavía no van a haber concluido las réplicas del sismo cuando, en tres o en seis meses más, si es que no antes, de las heridas de este terremoto horroroso apenas queden huellas. Esto es un hecho: el país volverá a funcionar, y volverá a funcionar pronto, entre otras cosas, porque lo que sería un cataclismo en cualquier parte, aquí es sólo un trago amargo, muy amargo, pero no mucho más que eso.

Cada cierto tiempo Chile se viene abajo y los chilenos lo volvemos a levantar. Esto es parte del costumbrismo nacional. Es lo que ha ocurrido una y otra vez en nuestra historia. Con cada sismo entrega un cierto aprendizaje, pero ni uno solo hasta ahora nos ha encontrado preparados. Nunca hemos aprobado enteramente el test, porque es imposible. Pero nos consuela pensar que calificamos mejor que otros países, que son rajados de manera infamante por simples temblores.

Claro que hay que estar un poco mal del chape para ser líder en terremotos y enorgullecerse.

PS Y yo agrego, que en mi casa todos bien. Salvo el país, lo demás bien.

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Sacando la cuenta, esta escena la leí por primera vez con 10 años. Me impresionó tanto que nunca la olvidé.

Con el paso del tiempo y la llegada de la adolescencia, supongo, llegué a entenderla mejor de lo que me habría gustado, por lo que tiene de soledad y de realidad despiadada.

Se conjuga, supongo, con el hecho de que mi madre me enseñó lo difícil que es tener amigos de verdad, porque es un trabajo, un esfuerzo, una suerte y una cosa que solo aclara el tiempo. Entonces: tiempo, aptitudes, ganas y paciencia.

Se hizo más importante, supongo, cuando me di cuenta por vivir en otro lado, lo que se agradece que no te traten como si te conocieran por ser lo que eres, extranjera, chilena, mujer, de izquierda, politóloga, etc.

Y yo trato de pagar igual, no me dejo ir con los alemanes, los hombres, los políticos… y si lo hago, me remito lo más que puedo a la utilidad de esta clasificación sin olvidarme de que es injusta y nunca acorde al ser humano que aplana. Las uso lo menos posible, que ya es mucho más de lo que quisiera.

Aunque sea necesario para eliminar una carencia social, por ejemplo, sé que la discriminación positiva, es eso, discriminación. Para mi gusto- la política es cosa de gusto- necesaria, muy necesaria, pero no justa. Se comete una injusticia para reparar otra. Un intento.

Y todo esto a partir de la escena de Hamlet, que con los años me volvió el caramillo en caramaggio (??!!?), y de una flauta a un laúd, que convirtió al interlocutor del Príncipe en el padre de Ofelia, y no, resulta que era otro, un amigo de Hamlet.

Todo esto con esta escena, porque de lo que no me olvidé nunca es de lo que significa comparar a un ser humano, por lo menos, con un instrumento, cuando se trata de respetar su derecho a ser el misterio que somos unos para otros.

Todos quieren saber que le pasa a Hamlet, pero rápido, en dos líneas. Y están seguros de poder entender de que se trata lo que le pasa, en cuanto él se los diga.

En eso somos todos iguales, nadie tiene derecho a pretender saber quienes somos mediante un par de etiquetas o preguntas con o sin nuestras respuestas. Somos más, solo por el hecho de ser personas.

La escena es así:

Hamlet le da el instrumento que lleva en las manos, un caramillo, a quien le acaba de preguntar que le pasa. Le ha pedido que se confíe a él y el príncipe por toda respuesta le pide que le toque algo con el caramillo. No puedo mi príncipe, le responde, no sé tocar ese instrumento.

“Pues ¡Ved ahora qué indigna criatura hacéis de mí! Queréis tañerme; tratáis de aparentar que conocéis mis registros; intentáis arrancarme lo más íntimo de mis secretos, pretendéis sondearme, haciendo que emita desde la nota más grave hasta la más aguda de mi diapasón; y habiendo tanta abundancia de música y tan excelente voz en este pequeño órgano, vos, sin embargo, no podéis hacerle hablar. ¡Vive Dios! ¿Pensáis que soy más fácil de tocar que un caramillo? Tomadme por el instrumento que mejor os plazca, y por mucho que me trasteéis, os aseguro que no conseguiréis sacar de mí sonido alguno.”

Hamlet, Acto III, Escena 2

… no es que no tenga que decir- jejeje, eso sería un chiste en mi caso- lo que no tengo es tiempo. Pero ya queda menos.

Ya vuelvo.

p.s. este “post” es para que no crean en la ilusión óptica de una fijación mental en el tipo ese.