Gracias a todos los que llamaron, chatearon, ofrecieron teléfono, twitter y lo que pudieran para que me sintiera acompañada o informada, o las dos cosas.

Gracias a los amigos y la familia desde Chile que se reportaron via lo que pudieron y en menos de 24 horas, para que no tuviera que sufrir pensando si estarían bien, a pesar de que ellos estaban “en otra”.

Gracias a los que desde acá me llamaron y preguntaron.

Gracias a los chilenos o a los que tienen alguna relación lejana o cercana con Chile y que estando acá llamaron para contarme como les fue a los suyos y para compartir las ideas sobre el futuro de sus trabajos, de sus familias de sus vidas que en parte siempre están ligadas a lo que le pase a esa franja cada vez más estrecha de tierra.

La verdad es que al final de los finales lo único importante son los afectos y siempre una palabra, una mano ayudan.

Claro… si arreglan por fin el teléfono y puedo escuchar a mi gente tampoco estaría mal.

Gracias.