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Mesié: … y que dice que a ver si yo le hago el proyecto ese… no es que dure mucho pero es entretenido y …

YO (Si, la bruja): Y cuánto te paga????

Mesié: X por hora… pedí (aquí, Mesié mira al suelo…)

YO (Si, la bruja, pero satisfecha y pa’ arreglarla un poco): ah! bien… y ganas más que yo! jejeje…

mesié (Le chiquitín, 11 ): pero Mamá, claro! el es HOMBRE.

YO (…) y Mesié, nos miramos.

YO (si, la mamá, tratando de atinar): y de cuándo acá esa es justificación?

mesié (Le chiquitín, 11 ): Pero es que así no más es aquí en Alemania.

YO (si, la reflexiva) quise agregar, y en el mundo, pero solo comenté: Esta es de blog! y Mesié estuvo de acuerdo.

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A mi en general me molesta cuando me ponen palabras en la boca.

Si generalizan con un grupo al que pertenezco, me siento incómoda, sobretodo si no se está dispuesto a aceptar que hay matices y que, en una de esas, el grupo no es homogéneo, aún cuando si existe como tal y para algunos efectos importantes, como serían la defensa de intereses comunes a sus miembros.

Por ejemplo, me molesta mucho la división pro/contra Saramago apelando a su comunismo. El era comunista y por eso no se le acepta, ni aún después de muerto, su alejamiento explícito del régimen de los hermanitos cubanos innombrables. Todavía no se dan cuenta o es que no se quiere aceptar las diferencias en los “comunismos”? Todo el derecho a estar en desacuerdo con la ideología completa, pero no a, por eso, pedir la condena de cada uno de sus representantes.

Yo elijo no meter a todos en el mismo saco y que me los vayan pasando de a uno y les advierto que con más de alguno estaré de acuerdo.

Es más fácil tratarlo, a Saramago, siguiendo la idea de “comunista” que se tiene desde la época en que Hitler anunciaba que las tropas rusas comunistas invadirían Alemania y que eran despiadados y malísimos. (Los Nazis por el contrario, poh!) Que no había que entregarse, que primero muertos. Y así se suicidaron, dicen que 40 mil alemanes, principalmente mujeres y niños. Hay testimonio hoy de algunos de los que los rusos salvaron en el último minuto.

Pero, volviendo al tema, Saramago era comunista, ergo estaba con el régimen de Cuba y todos tranquilos que aquí seguimos en el blanco y negro. No pensemos, que hacerlo nos puede costar nuestra idea del mundo, y eso si que no lo aceptamos.

Siguiendo esa lógica, que no la de la cristiandad y su historia del amor y el de no tirar la primera piedra, aparecen las opiniones del L’Ossertatore Romano.

Ojo, que no estoy por que no opinen, si no que estoy por entender el contexto en el que lo hacen y estoy, por favorcito, por no generalizar ahora con “los católicos trogloditas” y “la inquisición” y todo el cuento de siempre.

Lo que más me gustaba de Saramago era su postura sin miedo a favor de la ética, y la moral, que no son patrimonio de ninguna religión, si no parte de la sociedad en la que vivimos y que se modifica y se decide con ella. Nos atañe a todos y existe siempre. Es, existe, está. Saramago en tiempos de lo políticamente correcto o no correcto, según sirva para descalificar la opinión ajena, se mojaba, decía, se movía.

Y de eso está impregnada su literatura. Estoy de acuerdo con la mayoría, una literatura a leer como si fuera poesía. (Creo, mi modesta opinión.)

Hizo, por supuesto, con eso más de lo que están dispuestos a hacer muchos de los que apelan a defender  “todas las libertades, todas las justicias y ninguna etiqueta”, solo para lograr de manera poco decorosa y bastante burda: no casarse con nadie, no defender a nadie en particular y no ver más que su propia desgracia-si es que se puede tener esta capacidad sin tener empatía- y que finalmente se les ve que solo luchan por su propio ombligo, vestido de individualismo liberal.

Y ni que decir, aunque lo digo igual, sin su talento literario.

Entonces apareció esta carta en el País y pensé: mira tú, no soy la única interesada en el tema.

La pongo acá también entonces y les agrego el discurso de aceptación del Nobel, que es muy bonito, y nos lleva de vuelta a lo importante.

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El ritual de todos los 16 de junio.  Recordarte.

“Cuando un médico revisó el cuerpo del joven Ricardo Silva Soto, descubrió que las palmas de sus manos presentaban heridas de balas, en un vano e instintivo intento de protegerse de los disparos mientras yacía en el piso. Había recibido 10 tiros a quemarropa.

Aunque han transcurrido los años y solamente algunos de los responsables de esas ejecuciones sumarias pagan con cárcel sus crímenes, quienes conocimos a algunas de las víctimas y a sus familias sabemos del profundo dolor causado, por lo cual exigimos justicia pues nadie está olvidado.”

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