A mi en general me molesta cuando me ponen palabras en la boca.

Si generalizan con un grupo al que pertenezco, me siento incómoda, sobretodo si no se está dispuesto a aceptar que hay matices y que, en una de esas, el grupo no es homogéneo, aún cuando si existe como tal y para algunos efectos importantes, como serían la defensa de intereses comunes a sus miembros.

Por ejemplo, me molesta mucho la división pro/contra Saramago apelando a su comunismo. El era comunista y por eso no se le acepta, ni aún después de muerto, su alejamiento explícito del régimen de los hermanitos cubanos innombrables. Todavía no se dan cuenta o es que no se quiere aceptar las diferencias en los “comunismos”? Todo el derecho a estar en desacuerdo con la ideología completa, pero no a, por eso, pedir la condena de cada uno de sus representantes.

Yo elijo no meter a todos en el mismo saco y que me los vayan pasando de a uno y les advierto que con más de alguno estaré de acuerdo.

Es más fácil tratarlo, a Saramago, siguiendo la idea de “comunista” que se tiene desde la época en que Hitler anunciaba que las tropas rusas comunistas invadirían Alemania y que eran despiadados y malísimos. (Los Nazis por el contrario, poh!) Que no había que entregarse, que primero muertos. Y así se suicidaron, dicen que 40 mil alemanes, principalmente mujeres y niños. Hay testimonio hoy de algunos de los que los rusos salvaron en el último minuto.

Pero, volviendo al tema, Saramago era comunista, ergo estaba con el régimen de Cuba y todos tranquilos que aquí seguimos en el blanco y negro. No pensemos, que hacerlo nos puede costar nuestra idea del mundo, y eso si que no lo aceptamos.

Siguiendo esa lógica, que no la de la cristiandad y su historia del amor y el de no tirar la primera piedra, aparecen las opiniones del L’Ossertatore Romano.

Ojo, que no estoy por que no opinen, si no que estoy por entender el contexto en el que lo hacen y estoy, por favorcito, por no generalizar ahora con “los católicos trogloditas” y “la inquisición” y todo el cuento de siempre.

Lo que más me gustaba de Saramago era su postura sin miedo a favor de la ética, y la moral, que no son patrimonio de ninguna religión, si no parte de la sociedad en la que vivimos y que se modifica y se decide con ella. Nos atañe a todos y existe siempre. Es, existe, está. Saramago en tiempos de lo políticamente correcto o no correcto, según sirva para descalificar la opinión ajena, se mojaba, decía, se movía.

Y de eso está impregnada su literatura. Estoy de acuerdo con la mayoría, una literatura a leer como si fuera poesía. (Creo, mi modesta opinión.)

Hizo, por supuesto, con eso más de lo que están dispuestos a hacer muchos de los que apelan a defender  “todas las libertades, todas las justicias y ninguna etiqueta”, solo para lograr de manera poco decorosa y bastante burda: no casarse con nadie, no defender a nadie en particular y no ver más que su propia desgracia-si es que se puede tener esta capacidad sin tener empatía- y que finalmente se les ve que solo luchan por su propio ombligo, vestido de individualismo liberal.

Y ni que decir, aunque lo digo igual, sin su talento literario.

Entonces apareció esta carta en el País y pensé: mira tú, no soy la única interesada en el tema.

La pongo acá también entonces y les agrego el discurso de aceptación del Nobel, que es muy bonito, y nos lleva de vuelta a lo importante.

___________________

CARLOS RUIZ DE ALEGRÍA (Un cristiano-católico) – Bilbao, Vizcaya – 23/06/2010

Tomado de http://www.elpaís.com

Desearía desmarcarme claramente de las duras palabras que el diario vaticano ha publicado respecto del escritor José Saramago, recientemente fallecido.

Saramago fue un ser auténtico, ateo sí, fue su opción, su libertad, mas estuvo siempre al lado de los pobres, de los más desfavorecidos, como la Madre Teresa o monseñor Romero. Se comprometió con la justicia, y supo desdecirse de la cruel dictadura de Castro: “Hasta aquí hemos llegado”, dijo. Propuso el “respeto” como medio de convivencia entre los humanos, ya que el “amor” predicado durante 2.000 años no parecía dar resultados.

Muchos seres humanos seguirían con vida si Bush, Blair y Aznar -por cierto, tres cristianos- hubiesen respetado las resoluciones de Naciones Unidas respecto a las tan cacareadas e inexistentes armas de destrucción masiva.

Saramago no creía en Dios, no confiaba en Él, y sustituyó la moral por la ética, fue coherente y solidario, a mi entender todo un ejemplo en estos años duros y crueles que nos ha tocado vivir, tan sembrados de asesinos y ladrones; fue humilde e íntegro.

‘L’Osservatore Romano ha olvidado que un respetuoso silencio ante el desacuerdo no solo es signo de dignidad sino de inteligencia y algo mucho más importante que estas, al fin y al cabo, opiniones personales, y es que Dios, “sí confiaba en él”.

____________

Aquí el discurso: CLICK