Vaya! Si se puede hablar con L., me dice Adri.
Y yo lo dejo seguir contando.
Lo llamé por teléfono y le dije que disculpara que perdí la paciencia el otro día y que me fuera así tan enojado, tan rápido.

De eso había conversado con Adri yo después. Es una tendencia de su carácter que no sé de donde sale. Yo soy pasional, pero no salgo ni loca dando portazos. Me parece inaceptable. Entiendo incluso un buen gritonéo, pero sin aclaraciones yo no me voy y me molesta que el otro se vaya. Pregúntenle a mi marido si no me creen.

La cosa es que me sigue contando:
Y sabes qué me dijo?
Que él tampoco estuvo bien, pero es que tiene la mala experiencia con el otro vecino, que si lo deja hacer lo que quiere, termina insultándolo y eso es lo que él- L. – no quería que le pasara y por eso actuó así, tan pesado conmigo.

Y después de eso, tomó las dos espadas de “laser” de la guerra de las galaxias y salieron a darse en la calle, frente al portón.

Los protagonistas de la historia tienen 10 y 11 años.

A veces creo que muchos adultos debieran aprender de ellos.
Im- pre- sionada, quedé.

ps: Y Adri cuenta la historia con los ojos brillantes de emoción. Yo quedé idem.