Y si una se queja es porque hay que moverse en alguna dirección.
Digo, porque está muy bien describir y mirar y analizar y darle a un tema, pero en algún punto y para alguna parte hay que partir y para algún lado.
Yo y mi manía de querer entender. Yo y mi manía de buscarle el cuesco a la breva. Yo y mi manía de creer que mirar la realidad y nombrarla, es etapa uno de algo que no sé a donde va. Cuál es etapa dos?

Fui a comprarle calzoncillos al Adri que crece sólo para arriba y yo siempre atrasada con la novedad. No es fácil, porque para los lados no crece y ya llegó el momento de respetarle, aún más, que no se quiera mostrar con cosas que le quedan como poncho. A los niños hay que escucharlos, acompañarlos y dejarlos que decidan ellos cuáles van a ser sus peleas. Me digo. A veces nuestras luchas no son las de ellos. Hay que aprender a renunciar pedirles que inviertan energías en cosas que no son sus peleas. Y apoyarlos en las que si lo son.
El flaco es perfecto, se lo tengo dicho, pero el flaco está hasta el mote con que la ropa le quede ancha, no quiere ser el rarito del curso. Los calzoncillos deben ser blancos, me dijo. Nada de autitos, ni esas cosas, aunque sean los más económicos y los mejores del mercado el los quiere blancos.
No es fácil, me demoro buscando.

Y en eso aparece una mujer en la misma, buscando, pero con niñita. Estamos todavía en la sección de niños. Hasta el metro y 70 cm vamos a seguir aquí.
Es un almacén grande y con nivel.

Ella y yo absortas en la búsqueda de la ropa interior de niños.

La niña viene y va. Tendrá 10 o algo así.

En una de sus vueltas le pregunta: „Mamá por qué no hay hombres vendedores acá? Todas son mujeres.“

La madre no se detiene, sigue buscando entre las camisetas, le contesta al paso: „Será que las mujeres son mejores con las cosas de niños…“

Yo la escucho y lo pienso. Quién será la primera/o en decirle la verdad? Cuál es la verdad, verdadera en este primer mundo? Es necesario decirlo?

Yo conozco esa casa de ventas desde hace 22 años. Conozco al personal, sé quién es quién.
Las estadísticas también las conozco y de vivir, he vivido.

No me callo y aparezco desde detrás de los calzoncillos: „No hay hombres porque las vendedoras no están bien pagadas, no se mantiene una familia con sueldo de vendedora. Y si, si hay un vendedor aquí, pero él es el jefe de las vendedoras.“

A ver que dice mi colega, pienso, ya cerrando el pico.
Mi colega, se queda pensando y me dice con una camiseta en la mano: „si… cierto… pero también nos consideran mejores para los niños… no?“ Con tono de disculpa y oferta.

„Si, claro“, le contesto,“pero si su hija quiere ser vendedora, que por lo menos aspire a jefa.“

„Cierto, eso es verdad.“

En eso quedamos.

Nuestros hijos son nuestras mejores poesías, son un canto personal a la vida, y así habría que tratarlos.
Que tengas suerte chiquita! Te lo deseo de todo corazón.