Me dieron ganas de contar de las mejores épocas de mi grupo familiar de orígen.
De las épocas en que eran la dignidad misma, no lloraban porque es indigno, no se reían mucho porque la risa es pa los tontos. Ellos tampoco hablaban tanto como yo, por miedo a errarle… tampoco se metían en ningún problema grande porque nunca estaban con nadie, puesto que las cosas deben ser primero analizadas y segundo porque cada cual es dueño de su destino y que apechugue primero el aproblemado que seguro que es el responsable de su situación en primer lugar y quién es uno para meterse.

Me dieron ganas de contar como es cuando si te sacas buenas notas, es lo menos que podías hacer siendo como eres inteligente, y si te va mal, sería bueno que reflexionaras sobre lo que estás haciendo y no sabes la suerte que tienes.

El problema es que no hay historias de esa época.

Porque para tener historias hay que meterse, decir, equivocarse. O meterse, actuar corregir y ganar.

Y ese es el otro problema si uno gana tampoco es pa andarlo contando.

Así es que hasta que no se me ocurra una historia de cuando se metieron y salieron dignos, pero cagados, me callo mejor.