Debe haber pocas cosas que nos hieran más que tener que poner tu lengua materna en segundo lugar, tener que soportar que otro dude que de las lenguas que hablas hay una que no es como las otras. A veces ni siquiera es una cosa de amor a la lengua que heredamos sin que nos preguntaran que queríamos hablar, es simplemente una cosa que es. Es casi, supongo, como el nombre, parte de la identidad. Hay un millón de conflictos posibles en este tema, cosa de iniciarlo. Yo, como lo de la nacionalidad, acepto lo que me dice el otro y le creo.
¿Cuántos tontorrones le habrán preguntado, por ejemplo, a Bashevis Singer, por qué no escribía en otra de las lenguas que hablaba y que para el resto resultaban más conocidas?
Ojalá no sea necesario sacarse el Nobel para que a uno lo dejen en paz escribiendo en su idioma.
Me lo dijo una castellana en Cataluña: “ah! claro, ellos quieren hablar su lengua, es natural. Yo también la mía.” Y me lo podía repetir en catalán. El mismo argumento que sirve para conservar, sirve para hablar dos o tres.
Lo que ofende es la jerarquización.

Conste que no era el tema que quería poner, lo de las lenguas en España, si no responder que le agradezco a los que le preguntaron a Isaac Bashevis Singer porque provocaron una bellisima respuesta, en inglés, de el.
Yo la leí en castellano. A sus libros, en cambio, me acerqué por el alemán que como se parece al yiddish me hace sentir contenta pensando que a lo mejor la traducción que leo es más cercana al original, más fluida.

Acá entonces el discurso de aceptación del Nobel, en el que él responde a la pregunta.

Isaac Bashevis Singer: discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura

Majestades, Altezas Reales, Señoras y Señores,

La gente me pregunta a menudo: “¿Por qué escribes en una lengua moribunda?” Y quiero explicarlo en pocas palabras.

En primer lugar, me gusta escribir historias de fantasmas y nada se ajusta mejor a un fantasma que una lengua moribunda. Entre más muerto esté un idioma, más vivo está el fantasma. Los fantasmas aman el yiddish y, por lo que yo sé, todos lo hablan.

En segundo lugar, no sólo creo en fantasmas, sino también en la resurrección. Estoy seguro de que millones de cadáveres que hablan yiddish se levantarán de sus tumbas un día y su primera pregunta será: “¿Hay algún nuevo libro en yiddish para leer?” Para ellos el yiddish no estará muerto.

En tercer lugar, durante 2000 años el hebreo era considerado una lengua muerta. De repente se hizo extrañamente vivo. Lo que pasó con el hebreo puede también sucederle al yiddish un día, (aunque yo no tengo la menor idea de cómo este milagro puede llevarse a cabo.)

Aún hay una cuarta razón menor para no abandonar el yiddish y es la siguiente: el yiddish puede ser una lengua que muere, pero es el único idioma que conozco bien. Yiddish es mi lengua madre y una madre nunca está realmente muerta.

Señoras y señores: Hay quinientas razones por las que comencé a escribir para niños, pero para ahorrar tiempo voy a mencionar sólo diez de ellas. Número 1) Los niños leen libros, no críticas. Les importa un bledo la crítica. Número 2) Los niños no leen para encontrar su identidad. Número 3) No leen para librarse de la culpa, para saciar su sed de rebelión, o para librarse de la alienación. Número 4) Ellos no tienen ningún uso para la psicología. Número 5) Detestan la sociología. Número 6) Ellos no tratan de entender a Kafka o el Finnegans Wake. Número 7) Todavía creen en Dios, la familia, ángeles, demonios, brujas, duendes, la lógica, la claridad, puntuacion, y otras cosas obsoletas como esas. Número 8) Les encantan las historias interesantes, no comentarios, guías o notas al pie de página. Número 9) Cuando un libro es aburrido, bostezan abiertamente, sin ningún tipo de vergüenza o miedo a la autoridad. Número 10) Ellos no esperan que su amado escritor redima a la humanidad. Jóvenes como son, saben que no está en su poder. Sólo los adultos tienen tales ilusiones infantiles.
Fuente: http://nobelprize.org

Nota:
Esta entrada tiene su origen en una “conversación” facebookera acá