Hace unos años mi hijo y sus compañeros de curso del colegio básico hicieron un asado con pelotéo en el prado de la esquina. Tambien jugaron a la escondida, y al esconderse detrás de unos arbustos uno de ellos encontró un hueso. Los niños se quedaron mirando el hueso y detrás llegamos los padres a ver que pasaba. Ese hueso parecía un fémur… ese hueso parecía un fémur… Llamamos a la policía y llegó. Llegó un juez y cercaron el lugar. En 20 minutos llegaron hata los de la policía criminológica, y era domingo.
La verdad es que nunca más escuché realmente del asunto y eso que esto es un pueblucho.
Los alemanes son con los muertos más que exáctos, están llenos de reglamentos y tabús, por razones obvias. Ningún hueso anda dando vueltas por ahí, nadie puede quedarse con las cenizas de sus padres, como hacemos en Chile. Es parte del respeto al ser humano, como ellos lo entienden, que ni recordemos como tuvieron que aprenderlo, y del respeto a su dignidad, el darle sepultura. Ahora hay gente que quiere ser enterrada en el bosque.
Hay bosques oficiales, nada de desordenes, no de posibilidad remota de pasar a llevar la dignidad de la persona muerta.
Alguien me contó después que se suponían que en el caso del fémur, alguien había sacado tierra del cementerio, de la parte antigua, y la había tirado allí.

Qué raro es esto de los muertos y lo que consideramos respeto por el ser humano después de muerto.
Qué raro como funciona lo de la justicia y el par de huesos que te encuentres por ahi y lo que puedas hacer con ellos. Qué raro cómo los pueblos resuelven hacer con los perdedores de las guerras.
Dice mucho del ganador y de la democracia que produjo, pienso.
Y esto, porque leer el diario me muestra como viven otros y qué significa meter la cabeza en la arena en otras latitudes.