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Adrián me hace escuchar una banda de … de… será rap (?) …y me dice que la canción se llama “so geil…” O sea, “tan calieeente..”, o “tan cachoooondo”… o… bue, ya entienden.

Lo miro y sin horrorizarme le digo yo a el: y si, los que vienen llegando a la sexualidad necesitan decir cosas así. Tiene morbo, produce excitación. Cuando uno todavía no ha iniciado plenamente su vida sexual, está bien que sea así, lo entiendo. Escucha no más tus cosas. Es una manera de romper el hielo con el tema.

Me mira con cara de desprecio y de “pobre, está más pasada que el mp4 después de la salida al mercado de los smartphon…”

Pérate, pienso, y le suelto: Mira, te doy un ejemplo, apuesto que te agarra el ataque de risa si te digo, culo, poto, testículo, concha, vagiiiinaaaa ¡eah! ¡eah!. ¿Y? ¿Viste que te agarra la risa? Así funciona la canción esa.

Le agarra la risa adolescente. También que acompañé el discurso con bailes ad hoc. Movimiento de manos incluidos.

Es así no más, le agrego. Cuando ya estés bien en la vida sexual no será más gracioso. Aprovecha.

Bueno, y están, claro, los que con eso hacen buena música.

Se ríe y agrega: … pero estos no,mamá, son malos, son así no más… divertidos…

Y va saliendo a casa del vecino, se sigue riéndo para adentro, por eso lo paro y le agrego: piensa si le cuentas a tu amigo lo que dice tu mamá, porque es probable que no sea tan gracioso si no soy yo quién lo dice y además sin baile…

Sale con una bolsa de legos por esa puerta que aún están mirando mis ojos.

Fin… por ahora.

Parto a la playa a las 8 y media de la mañana.
Por fin lo logré.
Hasta ahora me costaba dejar a los chicos solos y dormidos.
Mesié, en cambio, sale todas las mañanas para nadar algunos kilómetros mar a dentro.

Por supuesto que un alemán que se adentra -adentra- a las 8 de la mañana, 3 días seguidos en el mar frente a las abuelas italianas y los nietos pequeños no menos italianos, es, como se dice en alemán: un perro de todos los colores: todos lo conocen. Y cuando logro acompañarlo en este día, las nonas lo saludan y le dicen: “sei in ritardo!” Y si, les comento, me tuvo que esperar a mi. Casi me dan ganas de pedir disculpas ante el público de Mesié.

Con Mesié es fácil andar por ahí, todo le parece divertido, es curioso y al mismo tiempo se lleva a si mismo a todas partes. Casi siempre sabe quién es él, no importa donde esté. Es fácil de tratar. En principio.

Yo simplemente estoy pletórica.
Qué cosa es levantarse temprano, qué cosa es caminar por la playa un par de kilómetros.
Si, porque yo no soy la nadadora excepcional que es mi marido.
Yo le tengo un poco de distancia al mar.
Pero lo quiero con todo el corazón. O lo que sea este sentimiento de agradecimiento con la vida que me produce el verlo allí eterno, sin perder nada desde la última vez que nos vimos.
Es el Mediterráneo, no es el verde oscuro del Pacífico, pero es el mar. El MAR. Pienso. Pienso que aunque no sea mi medio natural, es una presencia compañera. E igual le tengo miedo. Pienso. Pienso que seguro me desbarranco cualquier día esquiando y sin embargo el miedo a la montaña lo controlo. Cómo me voy a ahogar si no le doy chance al mar.

Pienso.
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Toca fútbol.

Yo quería tenis porque el club queda al lado y las amigas de la época del jardín, cuando empezaron con el deporte, todas eran de tenis.
Hay que recordar que las reglas además dicen que más de 3 citas por semana después de la escuela no son permitidas, porque un poco de estar consigo mismo y en riesgo de aburrimiento es un derecho humano que como madre trato de respetarte.
La cosa es que finalmente igual fue fútbol, simplemente porque a mesié no le gusta el tenis y listo.

La otra es que un deporte tiene que ser, y desde entonces, desde el año aquel, es fútbol dos veces a la semana.
Pero cuesta en invierno.
Y cuesta también cuando no eres la estrella del equipo y cuando para dejar de ir a fútbol definitivamente, tu mamá te pide que te inscribas entonces en otro deporte y tú no eres de los que cambien nada rápidamente y menos los deportes, y ya llevas del año 5 de tu vida haciendo este deporte y no es que no te guste, es que no te mata no más, y, y… y seguimos así.

Lo peor es cuando llama tu amigo y compañero de sufrimientos él, que el único real esfuerzo que está dispuesto a hacer es el tratar de no ir al entrenamiento. Y tú lo sabes, él no ayuda dando ánimos, él más bien te quita energía. Digámoslo claro: es más re flojo que la mandíbula de arriba.

Y comienza el ritual del sábado con la llamada.

Vía su madre al teléfono, te manda decir que él no va al entrenamiento porque le duele la cabeza, y tú sabes que esa excusa en tu casa no funciona, porque la vez que dijiste que a ti también te dolía la cabeza tu mamá te contestó que lo mejor para eso era el deporte al aire libre y te mandó con más gusto a jugar al fútbol.
Y lo peor para ti es que si se lo recuerdas- que los sábados lo recuerdas cada vez que tu compadre quiere usar ese truco y le resulta- que fue capaz de mandarte a jugar en situaciones en las que otras madres reaccionan muy diferente y dejan al chico quedarse en casa. La vieja, va y te recuerda, por su parte, que fue como dijo ella y que se te quitó todo malestar ya con el airecito que tomaste desde tu casa a la puerta del auto que te lleva a la cancha. MILAGRO, te gritó al partir y hasta te agitó la mano a manera de despedida.

Además, no es tanto que no quieras entrenar, es que te da rabia que al otro le resulten todas sus excusas y a ti no te dejen pasar una.

En esa discusión de valoración de recuerdos estábamos cuando llamó tu compañero de lides, por segunda vez, y esta vez de manera personal y sin intermediaria para decirte que si iba, que su mamá y él lo habían vuelto a conversar y que mejor iba.

Santo remedio, se te olvidaron todas las penas y los reproches para con la incomprensión de tu mamá, y santa decisión de partir al entrenamiento.

Doce años y todavía te van a dejar en auto al entrenamiento, pero ese tema más vale no sacarlo a colación, en estos momentos, porque ya tu mamá te advirtió que en verano, a más tardar, sería hora que se fueran solitos y en bicicleta.

Y así se van armando los recuerdos.

No sé por qué pero creo que esta vez la que se salvó fui yo, tu mamá, porque casi quedó para siempre eso de: enfermo y todo me mandaban a entrenamiento en invierno y con nieve. Ahora en cambio la historia es la historia de las cosas que inventaba tu amigote para no ir a entrenar y de como no le resultaban.

Pasé raspando: 1 a 0


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Ayer Adrián y su música a todo volumen me dejaron relajadita… es que no sé uds con los que les tocaron por hijos, pero yo me pregunto del mío, en qué clase de persona adulta se va convirtiendo?
Y es como mirar por las rendijas, y desearle lo mejor, y sonreírle. Y confiar y aceptar.
Ayer escuchaba su musica de casi, casi adolescente y pensaba que me gusta lo que escucha, que es divertido cantar con el.
No todo, ya saben… pero Peter Fox me gusta… es el hijo de una francesa y un alemán… los mezclados despiertan mi simpatía, por razones obvias.
Creo que este mundo será de los mezclados.
Además cantar con mi hijo:
“… basta! si no te gusta cámbialo! ahora vengo yo… dejémonos de blablas y vamos a renovarlo todo… soy más lindo que Bono y soy un hombre del pueblo, vengo a cambiar el mundo, será mucho querer, pero ahí voy… me cansé de mi casa, mis canciones, no me alcanzan, no me alcanza lo que soy… soy el renovador de la escena musical alemana !!!…”
Me encanta, nos hace bien.
Me río… las cosas que la gente canta! verdad?!

ps: Y también me acordé de la hija de Pablo… y de un amigo dibujante, Christiano, que me decía ayer que ser directo no es el camino más fácil… a veces si.

Vaya! Si se puede hablar con L., me dice Adri.
Y yo lo dejo seguir contando.
Lo llamé por teléfono y le dije que disculpara que perdí la paciencia el otro día y que me fuera así tan enojado, tan rápido.

De eso había conversado con Adri yo después. Es una tendencia de su carácter que no sé de donde sale. Yo soy pasional, pero no salgo ni loca dando portazos. Me parece inaceptable. Entiendo incluso un buen gritonéo, pero sin aclaraciones yo no me voy y me molesta que el otro se vaya. Pregúntenle a mi marido si no me creen.

La cosa es que me sigue contando:
Y sabes qué me dijo?
Que él tampoco estuvo bien, pero es que tiene la mala experiencia con el otro vecino, que si lo deja hacer lo que quiere, termina insultándolo y eso es lo que él- L. – no quería que le pasara y por eso actuó así, tan pesado conmigo.

Y después de eso, tomó las dos espadas de “laser” de la guerra de las galaxias y salieron a darse en la calle, frente al portón.

Los protagonistas de la historia tienen 10 y 11 años.

A veces creo que muchos adultos debieran aprender de ellos.
Im- pre- sionada, quedé.

ps: Y Adri cuenta la historia con los ojos brillantes de emoción. Yo quedé idem.