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… un idioma que no es el tuyo.
Que ella no se enteró de nada porque el señor que inauguró la conferencia decidió que hablaría su propio idioma y no otro. La conferencia era de filosofía y el caballero no quiso hablar en inglés, el lo hizo en alemán. Ella piensa que quien pudiendo, aunque peor, mucho peor que el propio, no hable el idioma “común” esta mostrándose por su peor lado.
Yo respondo con mi opinión. Me lo permito, especialmente porque de ello y con ello vivo, del idioma extranjero, de hablarlo (el alemán) y de enseñarlo (el castellano).

Doy clases de español en una Universidad de ciencias aplicadas en Alemania: todas las carreras se pueden hacer desde el principio hasta el final en inglés. A veces tengo “extranjeros” en mis cursos a los que tengo la obligación de atender en inglés (“globish”, que le dicen, de ínfima calidad y que uso con alegría porque es practicar un idioma que me gusta mucho.)
Estudié también acá, en otra universidad, que permite hacer todos los trabajos finales en inglés o alemán y además asistí a seminarios (en los 90tas) de profesores invitados o a conferencias de profesores de esa universidad, en inglés. Cierto, los alemanes tienen un nivel de inglés envidiable.
La reforma que trajo el Bachelor a toda la UE trajo consigo la consecuencia de que el inglés es oficialmente la lengua de la universidad, algo a lo que los alemanes se adaptaron de inmediato, puesto que hasta los 60tas de alguna manera se conservaba la idea de que el idioma de la Universidad debía ser otro: en ese caso el latín, que se sigue enseñando en los colegios que conducen a la universidad- no todos lo hacen- por esta tradición de la que cuento. Haber tenido latín es prestigioso, símbolo de cultura.
Así las cosas, los alemanes fueron los primeros en aplicar la reforma del Bachelor y de los exámenes en inglés, dejando de lado un sistema distinto, y a mi modo de ver, mejor aunque muy lejos de la perfección. Lo hicieron por la “movilidad” que prometía el nuevo y que ellos, dentro de la EU, eran los que menos lo necesitaban.

Y que quiero decir con toda esta historia?
Que los alemanes que no hablan inglés en una conferencia de su propia rama, es porque han decidido protestar, es porque han decidido que entenderse de verdad en cuanto a lo que pienso y trabajo vale la pena, por lo menos, un traductor decente, que los hay.
En filosofía, me imagino una traducción de Habermas y de Marcuse, pero no tengo idea quién puede haber sido el genio que tradujo a Adorno, que existe y es necesario, pero su alemán, es inleíble, indescifrable … por lo menos para alguien que estudió otra rama de las Ciencias Humanas, distinta a filosofía, lo era. Había que tener ganas de leerlo y de entenderlo, y muchas.

Y cuál es mi opinión?
Yo creo que el idioma tiene distintas funciones y que el hablante culto debe tener conciencia de ellas, la comunicación es la principal, pero entender ideas complejas no siempre pasa por simplificarlas. Y que por eso mismo si alguien abre un ciclo de conferencias, lo mínimo es ponerle un traductor, si no, es como decirle: en general, me interesas, pero en detalle, la verdad lo dejamos para otro día. Si me dicen eso, pues les mando un par de libros autografiados y lo hacemos por videoconferencia que es más moderno aún!

Sale más barato que es, en el fondo, el real sentido del este asunto.

ps como dicen que dijo Piccaso a la señora que le confesó que no lo entendía: “el chino tb se aprende”
Y me refiero a una opinión en el muro de Roxana Kreimer, que es una “amiga de FB” llegada vía Duda Desnuda y que parece ser conocida en Argentina.

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Estoy acostumbrada

A no tener nunca los pies fríos en invierno.

A manejar en invierno, de vez en cuando sentir que las ruedas del auto patinan sobre la nieve y no sentir pánico. (Hasta puedo chocar con un árbol y no sentir pánico.)

A que en la mitad del verano haga calor de 32 grados e igual haya un par de días de pleno invierno. La proporción nunca se sabe cuál va a ser. Todos los veranos son un riesgo.

A que la gente no hable todo el tiempo de política, ni que se consideren enemigos acérrimos si son uno de derecha y otro de izquierda y menos que al buscar trabajo sea fundamental ser de la tendencia del jefe.

A que el nivel de vida dé espacio a tratar mejor a los animales.

A los contratos laborales tal vez cada día más temporales, pero claros y transparentes.

A la cantidad de bichos (arañas, moscas y hormigas) que hay y que se soportan por no usar pesticidas.

A que sea una cosa de honor el caminar o andar en bicicleta antes que usar el auto.

A la seguridad de un sistema de salud, y social, si no generoso, por lo menos predecible.

A vivir sin los testigos y opinantes que significan la familia.

A ser independiente en mis juicios y decisiones, aunque al final haya hecho todo, pero todo mal.

A mirar por los espejos y volver la cabeza por sobre el hombro antes de entrar en carretera o cambiar de carril. (Spiegel, Spiegel, Blinker, Kopf= espejo, espejo, señalizador, cabeza, que decía el profesor de manejo)

A las tormentas de verano! qué cosa… qué espectáculo… qué cosa más rara

A que no hayan terremotos, ni si quiera temblores.

No me acostumbro

A hablar con acento (me odio) y necesitar algún alemán que le dé un ojito al final a lo que sea que escriba.

A ser bien vista- o mal vista- pero siempre vista por ser distinta (no tengo claro distinta a quién, porque al ojo nadie sabe de dónde vengo, y si abro la boca mi acento es inidentificable. De hecho los italianos, los turcos y los griegos me saludan como si lo fuera, en su idioma.)

A que me pregunten si echo de menos mi país, y si me quiero volver

A que el calor sea húmedo y tropical, cuando hace calor.

A que me feliciten por tener un hijo bilingüe

A que se asombren que sea rubio (como mi padre y mi hermana, respondo)

A las ensaladas llenas de queso o yogur o crema o quién sabe qué pero nunca el placer de comer “verde” y ya.

¡A las salchichas con jengibre o comino pero del otro, no del nuestro!

A que las mujeres se queden en casa cuando tienen un hijo por la falta de salas cuna y jardines infantiles… y que lo encuentren “lo mejor” para los niños.

A vivir sin familia, sin su compañía, sin su presencia, sin sus opiniones metidas, sin sus experiencias y sus consejos. (Aunque no estoy tan segura en este punto…)

A que falten los niños por todos lados.

A que falten la cordillera y el mar…

A que no haya perros sueltos, ni gatos por cualquier parte, y sin embargo si se vean sus cacas.

A no encontrarme nunca con un viejo amor, un amigo del colegio o el barrio, solo con salir a caminar al centro.

Que si se sube al auto uno que aprendió a manejar al sur, considere un error el que yo vuelva la cabeza cuando manejo y entro a carretera o cambio de carril: qué se miren las estadísticas de accidentes del tránsito, y se callen que la que va manejando soy YO. (Háblame de gente dogmática!)



Parto a la carrera. Estoy atrasadísima.

Dije que le cuidaba el niño mientras ella hablaba con la de personal.

Ella tiene que arreglar papeles que le permitan volver a trabajar en cuanto encuentre una plaza de sala cuna para el niño.

Ni me fijo en la lluvia, llevaba ya 3 días de llovizna asquerosa. Cualquier día despeja.

Me meto por el estacionamiento de los camiones y de las cargas y descargas. Allí no hay vigilante y no tengo que buscar el pase que alguna vez me dieron para el estacionamiento de la entrada principal y que no sé donde puse.

No quiero atrás, quiero lo más cerca de los edificios. Avanzo y avanzo y lo único que encuentro en primera fila está al lado de un árbol.

Me meto decidida y allí quedo. Las ruedas giran sin llevarme a ninguna parte.

Me bajo y miro: barrial y ruedas, barro y ruedas que ruedan.

No hay tiempo para pensar. Luego pienso. Mejor aún, que piense el mayordomo, que ya lo encontraré en alguna parte.

Corro a fotocopiar. Si, antes del bebé tengo que fotocopiar, después tengo clases, necesito las fotocopias. La culpa es mía, vengo tarde.

La culpa es más mía aún cuando veo que está ocupada la máquina y la otra tiene un código que olvidé en cuanto me lo dieron y volví a olvidar en cuanto me lo repitieron. Ventajas de la discalculia, el olvido es total si se trata de números. Pero todo va más rápido de lo previsto, me toca eso si, cuando ya no queda papel. Abandono.

Pregunto por el mayordomo y me dicen que hay que llamarlo al móvil. Abandono.

Después de clases, cuando mi look ya no importe me meto al barro y arreglo el entuerto, me prometo. Cosa de física básica, necesito un poco de tracción me digo. Orgullosa de mi inesperado valor y mi racionalidad de colegio.

Corro a recoger al bebé.

El y yo paseamos por el campus y ahí en medio del campus se me ocurre que recoger un par de cartones y ponerlos bajo las ruedas ayudaría. No ahora, más tarde cuando salga de clases.

Sigue lloviendo, pero ni a mí, ni al bebé nos importa. Impermeables, él en su carrito con plástico incluido y yo en ropa adecuada, damos unas vueltas y recojo un par de cartones y hasta encuentro el container del papel viejo del campus. Me salvé pienso.

Y pienso, como si la situación no me hubiera demostrado ya  lo contrario, que en una de esas tengo suerte y para de llover, sale el sol y lo seca todo. No estoy loca, el clima es así en este país, más que frío es inestable.

El niño me tranquiliza, me da ritmo, me ubica. La magia de los niños. Me encantan los niños y más si son cercanos como este. Me acepta y apenas me conoce. Lo beso y paseamos. Me recuerda lo importante y me hace olvidar lo superfluo. Aquí y ahora. Algunos estudiantes me preguntan si hoy hay clases, contesto que si. No explico nada sobre el bebé. Este bebé no tiene nada que ver con ellos. Aquí y ahora.

Devuelvo al niño, comento las novedades de mi amiga y las de personal, nos despedimos y yo vuelo: las fotocopias, la clase, cambio de grupo, libros, clases, pausa, clases y por fin, la hora del barro.

Me voy derecho al container, saco los cartones que puedo, y mentalmente me despido de mi falda ajustada pero seria y mi camisa blanca, de las medias verde-azules a juego con la chaleca larga de lana del mismo color. Por suerte llevo botas y sin tacón. ¡Allá voy!! Ya me siento orgullosa de solucionar solita mis cuentos.

El auto queda hecho una mierda con el barro que salta. La tracción es delantera y tengo miedo de chocar con el árbol, para atrás no hay caso. Me bajo.

Ahí es donde lo veo. Y me ve.

Un señor de unos 55 que viene a buscar una manzana a su auto.

“No hay que meterse al barro.” Me dice serio y en serio. Lee el resto de esta entrada »

ooommmmm!

No hay caso con una misma.

Ayer, en medio de la revisión de la traducción de una encuesta con vocabulario de estudios de mercado y estadísticas, trabajando con diccionarios online y con el powerpoint para ver en colectivo las soluciones, con los  alumnos que tenía esa tarea, de pronto, pensé que las traducciones son siempre decisiones.

Una tras otra.

Varianza e invarianza siempre son iguales de traducir, o te acuerdas de la clase de estadística del siglo III A.C. o no.

Pero Fact, puede ser miles de cosas… depende del contexto. De eso hablabamos. Comparabamos, decidíamos.

Reproducir una estructura ayuda a saber si una forma ing, es un sustantivo o un gerundio. Decides tú, eso si, como la traduces.

Y ahí fue donde me acordé de la canción de Blades: “decisiones”.

Uno de los alumnos  la buscó rapidamente en internet, no la conocían, y terminamos todos muertos de la risa.

Cantar y bailar, eso si, me lo reprimí decididamente. Decisiones.

Lo dicho, yo como profesora tengo el estilo: “instructora de yoga”.

No hay caso.

El verano en Alemania no es estable… es muy luminoso, porque amanece temprano y oscurece tarde, o sea, el día es largo, pero lo que no es, es estable. No.
Puede llover como bestia, con tormentas tropicales que para una persona de Santiago de Chile y sus veranos secos, es un misterio profundo y el horror total porque nunca vió una tormenta de verano antes.

La primera vez que sentí un trueno de aquellos que hacen temblar los cristales, salí disparada a ponerme en el descanso de la escalera! Claro, es lo que haces durante un terremoto. Un terremoto era para mi comprensible una tormenta con rayos, truenos y relámpagos y además calor? no! eso no estaba en mi repertorio.

Lo dicho, este país tiene veranos tropicales, interrumpidos por algunos días de calor húmedo sofocante a partir de los 23 grados y otros simple y llanamente fríos otoñales.
Cada verano es una composición impredecible de estos tres componentes.

Nunca sabes si te alcanzarán los chalequitos livianos y las poleritas de manga larga porque el otoño gana o no sabrás de donde sacar musculosas y pantalones cortos por el calor de mierda. Pero amanecerá a las 4 am y si no lo sabes te lo recordarán los pájaros y la alharaca que arman por un poquito de luz. Malditos.

Como será que en el reporte del tiempo se anuncia el clima para el día y el de la noche. Porque un día luminoso y caluroso puede ser una invitación a lavar ropa, pero no se te ocurra dejarla secando durante la noche en el balcón porque puede llover. O al revés.

Lo otro es que si te compras ropa con mucho estilo y de moda, se te puede envejecer en el armario sino es la adecuada para la mezcla de los dos últimos veranos.

Ahí te quedas. Se usan los pantalones anchos? tú con los pitillos de hace dos años, o al revés.

Esa es la razón principal de los ciudadanos alemanes para buscar un país de clima “seguro” cuando llegan las vacaciones.

Ni les crean cuando cuenta la historia de que es porque allá “si saben vivir!” Estos, como los otros, no cambian su estilo de vida ni aunque les paguen. Humanos al fin.

Mi cuñado llama a sus padres, que viven en España, “asilados climáticos”.

Yo por mi parte, ya se los dije, odio viajar y odio más el ser turista.

Ya sé que es una contradicción con el placer que me da aprender un idioma extranjero, pero esto de meterse al auto y viajar chorrocientos kilómetros para achurrascarse al seguro y constante sol de otras tierras, no me gusta.

Menos desde que por el colegio de Adri, solo podemos hacer vacaciones de verano en agosto, el mes en que caen los patos asados en la Europa de la seguridad climática.

Los aviones si, si claro, ya sé que existen, pero es necesario subirse al coso ese y asegurarse un sol de aquí te las traigo Peter?

Adrián por su parte reclamó que los veranos son para pasarlos en un país extranjero. Estuve a punto de ponerlo en un ferri y pasarlo pa’ la orilla suiza o austriaca para que se le pasara lo aturd’io.

Compasión le habría tenido si hubiera dicho que los veranos eran para pasarlos con los primos. Otra cosa.

Mis amigos alemanes me declararon loca perdida este año porque decidí pasar las vacaciones simplemente en el lago de la esquina.

Bueno, a dos horas de mi ciudad, eso si, con museos y aguas termales por si las moscas.

El verano es para mi el momento de estar en familia y de compartir. Un poco de sol, eso si, ayuda, como un naipe para entretenerse o un juego de dominó.

Este año el clima estuvo de película, no vi más que un solo museo y nada de aguas termales, los chicos lo pasaron estupendamente porque son muy buenos para los deportes acuáticos.

Lo curioso es que mis amigos están que me matan… si, y eso que la mitad que no estaba en el sur del continente es esos días me visitó en mi residencia de verano, pero la otra mitad la del sol ardiente y de la gente abierta y dicharachera me lo toman a mal y me aseguran que fue solo cuestión de suerte.

A mi me da lo mismo, y claro que fue suerte.

Yo no viajé no sé cuántos kilómetros, eso para empezar, y las tardes frente a los veleros, las cenas a las orillas del lago y la alegría de que los amigos que quisieran pasaran a vernos y estar con nosotros unos días pudieran hacerlo, no me la quitan los de la fracción toscana y menos los de la fracción mallorquí y anexos.

Insisto: piensen positivo que hasta el clima mejora.

Me odian, claro.

Es que hasta barato me salió. Je!

Eso si, tampoco me gusta desafiar a los dioses, el próximo año capáz que hago un verano seguro al sur.

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