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Seguramente que si alguien habla de mí se acordará de algunas cosas y de otras no. Seguramente si alguien habla de mí hablará desde lo mucho o desde lo poco que me conozca.
Seguramente desde las dos perspectivas se podrá dar en el clavo de algunas cosas importantes de mi personalidad antes de meterse conmigo. O meterse más, o seguir metiéndose.

Lo que si va a pasar al cien por ciento es que una de las características que me van a achacar sea la de alegadora. En beneficio propio y/o ajeno.

En mi familia, donde todos gritan, especialmente las mujeres, dirán que soy gritona. En mi familia donde todos hablan con una determinación contagiosa, dirán que soy determinante, pero lo que más somos, mi familia y yo, es justicieros. Y esto de ser justicieros es lo que nos lleva al alegato.

Me acuerdo de mi misma de niña pensando, ¿por qué no contesta nadie YA a la pregunta de la maestra? Pobre tipa, contéstenle. Terminaba contestando yo, por no hacerla esperar más.

Me acuerdo de subirme al bus y enfrentarme al chofer que no quería dejarnos pagar el boleto escolar con rebaja, y me acuerdo de mí misma pidiéndole al caballero que si tenía problemas con esto, tuviera la buena voluntad de decírselo al ministro de educación o al de transportes o al innombrable directamente, que eran quienes los obligaban a ellos a subvencionarnos a nosotros. Yo sabía que ese llamado a la insurrección de los micreros, no era serio. Ni locos en tiempos de dictadura iban a decir nada a ningún ministro y sabía también que nosotros eramos los que tenían más a mano.
Me acuerdo de pagar, subir, alegar, sentarme y preguntarle a mi amiga y compañera de universidad, que venía conmigo, por qué ella no había dicho nada y que ella me contestara: „Pero si tú ya lo habías dicho todo. Y yo estoy de acuerdo.“

Y si, a veces me sentí sola en medio del alegato y me plateé seriamente rebajar los alegatos por semana.
La soledad es lo que llevaba peor de esto de ser alegadora.
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Un pelambre es una historia que solo se cuenta por el placer morboso de mirar en la caca ajena. Yo tengo un pelambre sobre Vargas Llosa.
Resulta que en Alemania este paradigma de la libertad era editado en Suhrkamp, hasta que se supo hace poco y después de que se le otrogara el Nobel, que su próximo libro sería editado por otro de las famosas casas editoriales: Rowohl.

Pero a Varguitas no se le ocurrió nada mejor – Bussines is usual- declarar que era solo una alternativa que se había tomado. (Reconozco que las palabras textuales no las conozco, porque de esto me enteré por el diario) pero que sus negocios no estaban cerrados con Suhrkamp.

Ayayayayay! Cosas que se atreve a decir un premio Nobel el año en que se lo sacó, porque ¿quién se quiere perder el negocio de editar la última de sus novelas el año de los años? ¿Ah?

Error. Los seres humanos no se guían por la racionalidad tu pagas-yo vendo, no se guían pensando que los mercados son racionales o productores de racionalidad, o de libertad, jejejeje…si no las bolsas no sufrirían con los ataques de pánico, y el libremercado sería una realidad y no habría discuciones sobre la eficiencia de la empresa privada japonesa en su gestión de las centrales nucleares.

Bueno, como decía antes de iniciar mis alegatos de siempre, el caballero director de la editorial Rowohlt le preguntó que quería decir mesié con esa salida, y parece que no le contestaron lo que a él le interesaba y simplemente anunció que NO SE EDITABA EN SU EDITORIAL EL LIBRO.

Es que este editor, hijo del editor del Frankfurter Allgemeine Zeitung y que ya había tenido su propia editorial, Alexander Fest, se puede dar el lujo de guiar sus negocios -y los que les ponen en las manos- con crisis y todo por amor al arte en el mejor de los sentidos.
Simplemente dijo que no trabajaba con ningún autor que no estuviera interesado en trabajar con su editorial.
No todos hacen negocios, algunos trabajan, producen y crean.
Sonaste Vargas Llosa, a ganar plata en otro lado, y honores, lo que se dice honores no ganaste por acá.

ps: me encanta Vargas Llosa, es una de las cosas más raras para mi el entender que alguien escriba de peversión y marginalidad de la forma que el lo hace y no estar con esa gente después que termina de escribir un libro. Bueno, por lo menos hace su trabajo, que ya es mucho.

Me dieron ganas de contar de las mejores épocas de mi grupo familiar de orígen.
De las épocas en que eran la dignidad misma, no lloraban porque es indigno, no se reían mucho porque la risa es pa los tontos. Ellos tampoco hablaban tanto como yo, por miedo a errarle… tampoco se metían en ningún problema grande porque nunca estaban con nadie, puesto que las cosas deben ser primero analizadas y segundo porque cada cual es dueño de su destino y que apechugue primero el aproblemado que seguro que es el responsable de su situación en primer lugar y quién es uno para meterse.

Me dieron ganas de contar como es cuando si te sacas buenas notas, es lo menos que podías hacer siendo como eres inteligente, y si te va mal, sería bueno que reflexionaras sobre lo que estás haciendo y no sabes la suerte que tienes.

El problema es que no hay historias de esa época.

Porque para tener historias hay que meterse, decir, equivocarse. O meterse, actuar corregir y ganar.

Y ese es el otro problema si uno gana tampoco es pa andarlo contando.

Así es que hasta que no se me ocurra una historia de cuando se metieron y salieron dignos, pero cagados, me callo mejor.

Supongo que lo que verdaderamente me pasa, Almendra, no es que no tenga historias ni ideas que contarte. Es más bien que lo que tengo para decir en este momento, no te interesa.

Te juro que sé que no te interesa.

No es un reproche. Nos conocemos solo por esta vía y desde hace un par de años, pero aunque eres mi mejor y más fiel lectora-comentarista, y me has dado muchísimo, ahora ando por unos lugares de mi cabeza que no te interesan. Créeme que lo sé y que no me ofende.

Si fueras mi hermana, mi madre o –disculpa- mi mejor amiga, que es como decir “hermana”- ahí si creo que me molestaría mucho que no me leyeras, o que lo hicieras y te reservaras para mejor ocasión tu opinión.

Hay gente a la que una le muestra el alma y espera que se comporten a la altura de la circunstancia.

Si tú me dices que no te interesa pasar penas o leerlas y yo solo traigo tristezas, es obvio que no me puedo enojar. Nos conocemos acá, en este blog, estábamos jugando y mis primeros arranques de rabia o de tristeza te parecieron interesantes, no me conocías, era la novedad.

Pero ahora ya no. Ahora ya sabes como soy, que me mueve y si me da de lleno por lados que son peliagudos sabes que soy borde, si no encuentras el tono y yo no soy ni tu hermana, ni tu madre, ni tu “hermana”. Dejémoslo. Mejor así.

Te explico simplemente que estoy super concentrada en mi y en un par de mis temas de siempre.

No, ni es que me hayan dado un puesto importante, ni que esté haciendo el doctorado, no. Yo siempre fui así. Espesa y rara.

Y es posible que me vaya unos días a Inglaterra. No voy al sur este año. No creo. Nada me lleva para allá. No nos veremos. Nunca nos hemos visto. Este verano, tampoco.

Y no, no salgo de noche, porque trabajo y además ceno en casa, es la hora de ver a los chicos. Me perdí el festival de cine latino completito incluyendo “el secreto de tus ojos”. La voy a ver con los alumnos, cualquier otro día en casa. DVD. O no. No me da el cuero pa’ más. Si, muy capaz, no soy. Lo sé.

Siempre fui una lata, de ello pueden dar fe los que me conocen en vivo y en directo.

¿Y nunca me río? ¡Juas! Me río más que nunca, como toda la gente que hace lo que quiere. Yo me entretengo conmigo misma. Eso es lo loco del asunto.

Y no, los tiempos no son fáciles, la crisis nos toca a todos, pero será justo por eso que no tengo tiempo de pensar en subir una canción cuando la escucho y me gusta, como antes hacía, o de discutir o explicar algo de lo que es fundamental en la inmortalidad de los cangrejos. No sé, no tengo ganas.

¿Conociste a Duda?

Ella acaba de cerrar su blog porque se aburrió de ser el personaje que era en el suyo. Dijo.

Yo no lo cierro, por una cosa de disciplina conmigo misma. Prefiero quedarme sin un solo lector y sin ni medio opinante pero no voy a renunciar a lo que fue en un inicio este proyecto para mi, una parte de mi- llámalo, “personaje”- que va y viene, que muta y se cansa, y que me sorprende hasta a mi. En castellano y al ritmo que yo quisiera. Nunca intenté entretener, no todo el tiempo por lo menos.

Y ganar amigos es involuntario, solo se puede voluntariamente tomar contacto.

Ni idea cuál será la próxima vez que escriba, o qué será lo que cuente. Ni idea si le va a interesar a alguien, porque no creo que esté todavía buscando gente que piense como yo. O a lo mejor si? A lo mejor un día lo hago, pero creo que soy remala para buscarlos. No sé si habrá una nueva Almendra, o una vieja Almendra que me lea y que me dé la hora.

Tú sabes que te quiero y estimo, pero tú estás allá y yo acá, y yo soy mucho más que estas palabras acá. Y mis palabras no son tus palabras.

Y no hay problema con eso.

Y ahora soy esta- otro “personaje” que me sale- que como ya me dijiste “por entre las flores”, como se dice en alemán- te aburre y no te interesa.

No es terrible Almendra porque parte de mi brutalidad es entender las relaciones no solo como una cosa de afecto, sino también como una cosa de experiencia de vida conjunta y tiempo.

Es normal que haya partes mías que no te interesen, el único problema es que en este momento son justo esas las que para mí son las más importantes.

Y sigo sin ser solo eso, soy más. Seguramente a ti no te pasa ninguna otra cosa, más que lo mismo que a mí.

¿Habrás llegado hasta acá leyendo? Si lo has hecho, gracias. Sé que te cuesta.

Un beso y créeme que te tengo afecto aunque nos veamos cada vez menos, pero no es solo que yo venga poco, sino que tú tampoco tienes ganas de venir a verme.

Paloma



No es que a mi me guste contar mis cosas o las enfermedades de nadie, pero es que me la encontré allí a la vera de la tumba esa y fue ella la que me saludó.

Le pregunté si era la tumba de algún pariente, ella dijo que no y después me preguntó porque no estaba en el colegio.

No voy al colegio, le dije.

No creo que los del Schulamt te lo permitan.

No sé que es ese asunto.

Es la oficina dedicada a las cosas del colegio. Y el colegio es obligatorio.

Esta vieja es más metida que supositorio’e guagua. Díjeme. Y supe altiro que se lo comentaría a mis papás. Bueno a mi papá, mi mamá no escucha nada, no tiene tiempo de escuchar nada, no quiere tampoco. A no ser que sea la cura milagrosa de la leucemia, no le interesa nada.

Te haría bien ir al colegio.

¡Que me va a hacer bien si no entiendo nada de lo que dicen!

Aprendes, algo te queda, lo que sea.

Me miró con cara de nada. Eso es lo que mata con la vieja esta, su cara de nada en esos casos, como si todas las decisiones en esta vida- la mía- fueran mías, como si fuera yo el que quisiera estar acá en este país y en esta ciudad.

¿Cómo está tu hermano?

Como siempre.

¿Y tu mamá?

No sé, no la veo hace dos días.

O sea tu hermano está mal. ¿Querrá que vaya a traducirle?

No, yo creo que ella no quiere hablar con nadie. Además, hasta la señora que limpia habla inglés.

¿Por qué me pongo a hablar con la vieja esta y le cuento nada?

Mira la tumba y me dice:

La primera esposa, murió durante la guerra, seguramente de parto, ves, acá está el niño.

¡Esta vieja si que es copuchenta! Se pasó.

¿Y usted de donde sabe?

Cosa de mirar las fechas y los nombres, acá las mujeres pierden su nombre de familia y toman el del hombre cuando se casan. Bueno, era así, antes. El “Mädchenname”, nombre de “chiquilla”, de señorita. ¿Ves? Y esta otra es la segunda esposa.

Y eso que el era médico de la clínica universitaria de la ciudad. Hay cosas que no se pueden evitar.

Y sin transición, me dice:

Raulito, no te dejes caer. Anda a clases y ven a almorzar a la casa, te espero el domingo.

Vieja metida, pienso. Igual a lo mejor voy. Los domingos duran mucho más que los días del resto de la semana.

Raulito, dile a tu mami que me llame si quiere.

Mi mamá no quiere nada, lo único que quiere es estar ahí más muerta que mi hermano en su cama.

Se calla y tiene otra vez cara de nada. Mejor, si llegara a poner cara de pena la mato y rabias no acepto.

Raulito, anda tu solito al colegio. No dejes que sea todo más triste de lo que es.

No se puede más triste.

Si, Raulito, se puede.

¿A quién le importa?

A mi.

¡Se volvió loca la vieja! Y a mi que me importa si apenas nos conocemos.

Se acerca y me toca la cara, ahí me doy cuenta que tengo los ojos mojados. Y pienso en mi papá que me recordaría que no haga sufrir a la mamá con llantos. Yo puedo igual que la vieja esta, poner cara de nada, solo los ojos me lloran haciendo caso omiso de mi cara de nada. Cosa de relajar la musculatura.

La vieja me dice entonces que me va a acompañar al colegio y que me va a inscribir, que venga con mi pasaporte el domingo y lo conversamos. Ella llama a la oficina esa y que de ahí vemos que falta.

Yo sigo llorando, porque eso debe ser esto que me empapa la cara.

Pucha la vieja metida.

Y la segunda mujer vivió 40 años más, le digo.

Si, dijo la vieja, es cierto.

La miro y la vieja sonríe contenta con mi descubrimiento.

¿Habrá sido feliz? Pregunta.

Si, le digo yo, si fue muy feliz y crió a todos los hijos que el tipo tuvo con la primera señora. Y como eran chicos no fueron a la guerra. Listo.

La vieja se ríe, se ríe.

Mira la tontera que tenía que contarle para que se riera.

El domingo me cuentas más, me dice, ahora me tengo que ir a la casa. ¿Vienes?

No. Si ya voy a verla el domingo, ahora también sería como mucho.  (Para mi)

Cierto me dice, y hasta el domingo. Me dice.

Hasta el domingo. Ahí le cuento más.

*v.d.m. ponen los médicos en las fichas de las enfermas, que lo único que tienen es la neurosis que les deja la vida, la neura de la v ieja d e m ierda. Ellas quieren atención, el médico les da una aspirina y pone diagnóstico vdm

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