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Aromos

Paseando hace años
Por una calle de aromos en flor
Supe por un amigo bien informado
Que acabas de contraer matrimonio.
Contesté que por cierto
Que yo nada tenía que ver en el asunto.
Pero a pesar de que nunca te amé
-Eso lo sabes tú mejor que yo-
Cada vez que florecen los aromos
-Imagínate tú-
Siento la misma cosa que sentí
Cuando me dispararon a boca de jarro
La noticia bastante desoladora
De que te habías casado con otro.

(1958 Nicanor Parra)

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Es raro como los que hemos perdido a alguien que queremos, queremos, queremos, nos parecemos, será porque a veces las cosas se terminan, incluso con la muerte, pero el amor no y ahí queda. Incluso ante la muerte.

Debe ser el corte en el proceso que es amar y la sensación de absurdo de todo el amor inútil a la deriva. Cuanto más amor, más incomprensible.

Las maneras de desaparecer de nuestras vidas han podido ser distintas pero se comparte la sensación de inmensidad en el estómago y esa incapacidad de entender que hay que dejar de querer porque ya no hay nadie allí para recibir y devolver, en la moneda que sea.

Aceptar sin entender es la consigna.

Debe ser por eso que esta canción que es de amor de pareja y de una época determinada, que tiene una estética especial de los 50tas o 60tas, fue durante algún tiempo la canción de las mujeres de los detenidos desaparecidos en Chile, recuerdo cantarla en la cara de los carabineros. Debe ser por eso que a mi me recuerda a mi mamá.

Los amores nos igualan, aunque nos creamos únicos, solos y especiales, distinguidos por una capacidad de amar diferente. Basta perder a alguien que se ama para saber que somos todos lo mismo, del mismo material doloroso, blando y sangrante.

Pronto será su cumpleaños pero como ya no existe será el mismo día de siempre, pero vacío de ella desde hace ya tantos, tantos, tantos años. Lleno de una manera absurda de mi amor.

En FB Razorback y el conde Onoff se ponen de acuerdo para decir que Fito Paez como cantante es muy buen compositor, y hoy es 12 y los comentarios entre chilenos de lo que pasó o no pasó ayer son muchos, y yo decido, mientras Adri y su papá están fuera y para que no me vean llorar que voy a aprovechar de ver el dvd que me mandaron los (ya) viejos amigos de la universidad. Son fotos y música.
Y como por arte de magia desde allí, desde las caras y las fotos, me cantan algo que me resume todo y me alivia un poco.

¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón,
tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada del amor.

Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.

¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Es que los miércoles no estoy en casa prácticamente.

Yo dejo el almuerzo hecho y llego cuando el ya se lo comió y está haciendo la tarea.

Me quedo una hora exacta y salgo otra vez.

Cuando vuelvo preparo la cena y al mismo tiempo lo que presentaré por la noche a los siguientes alumnos.

Le doy el beso de las buenas noches y salgo.

Para él supongo es un día raro.

Ese día trabajo.

Yo diría que hasta alcanza a echarme de menos.

Por eso cuando entré y me dijo eso de que cuando me muriera me iba a hablar igual, yo lo tomé así mismo como me lo tiró.

Quien sabe que caminos de nostalgia lo trajeron hasta esa conclusión.

Mientras me cambiaba los zapatos le dije que 100% seguro entonces yo le contestaba, si se podía. Y que se me acababa de ocurrir que en los sueños era lo más seguro, en los sueños te contesto, como lo hace mi mamá conmigo.

Fue una de mis buenas ideas, porque lo vi quedar feliz.

Siempre en este punto es que a mi me entra la desconfianza en mis propias soluciones, así es que le agregué que ojala no me pusiera peleadora de muerta, porque eso le pasó a mi mamá, que cuando la veo en sueños ¡es una de pelearse!!

Después ni me acuerdo por qué era que venía a pelear conmigo en sueños esta señora.

Pero mi hijo es mejor que nadie en adivinar y me dijo: “pero yo SÈ que tu mamá te quiere”

Le di un abrazo apretado y le dije consoladora: “Si yo también sé que me quiere. Y tú sabes que yo te quiero a ti. Eso es lo bueno.”

Y se acabó, porque era miércoles y yo tenía que trabajar.

Ayer fué 12 de julio, es el cumpleaños de Neruda y generalmente los chilenos lo notamos.

La poesía de Neruda fue bastante popular, cualquiera conoce sus poemas de amor.

Yo conocí a mi marido cantando en un coro que tenía de repertorio el Canto General con música de Mikis Theodorakis y que fue a Chile a participara en una actividad en contra de la dictadura.

El coro era malísimo. Todo hay que decirlo.

Y sin embargo… el 12 de julio es para mi el cumpleños de mi papá.

Recuerdo sus bromas con respecto a la coincidencia y recuerdo su amor a la poesía.

Eran los tiempos en que aún no era moda no gustar de Neruda y mi papá lo recitaba a voz en cuello.

No creo tampoco que le importara lo que los críticos literarios, ni los amigos de la cultura dijeran de la poesía del premio Nobel hoy en día. El era un original. El pobre.

Si, mi viejo es culpable en un 90% de mi manera de buscar no acomodarme aunque ya se haya convertido en un rasgo neurótico el asunto, el responsable de mi no querer gustar por gustar y también de mi creer que si soy, yo sola, sin que nadie me lo confirme. Sin ningún talento especial que mostrar: Yo soy.

Si pienso en él, a parte de los poemas de Quevedo o de sus intentos de aprenderse de memoria el romancero gitano, o pensar en el niño muerto de miedo frente a la madre loca, a parte de los últimos años horribles de su enfermedad y de nuestra desolación al vivir en un país del horror con torturas y desaparecidos que parecían pasar como sombras sin tocarnos pero helándonos la sangre, a parte de la inmensa dignidad en momentos impensables que su figura hasta hoy me regala, si pienso en el señor que fue mi padre, el que aprendió que mejor que la caridad era la solidaridad, si pienso en él, lo pienso dando saltos en una coreografía que se inventó el solo y que usaba con música de Miriam Makeba.

El viejo pretendía que nos saludáramos así en cualquier parte.

Hoy que mi sobrina se acordó que ayer Neruda cumplió años y que Sabina canta “amo el amor de los marineros”, yo pienso en mi papá y me voy a bailar su famosa coreografía en cuanto llegue Adrián del colegio.

Por lo menos eso que quede de él: el Patapata.

Dicen que la gente no se muere mientras alguien piense en ella. No me queda otra que creer en esto firmemente.

Como siempre los recuerdos de mi padre y mi padre mismo, se convierten en una tormenta eléctrica en mi cerebro, al ritmo del patapata.