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Bueno. Voy a contar una intimidad, pero solo por que tengo FB, pero que quede entre nosotros los 200.
Resulta que hoy pasaron el enterprise, Star trek, cuando la mina es la capitana. Me encanta(ba) esta serie. Ahora la veo con mi hijo de 14.
Y como me gusta la tele conversada, le digo: ¡uy! yo soy la B’Elana Torres, y ¿tú?
Tiene 14, ¿qué me va a contestar? Que el es Spok poh! (Lo dice con cara de asco)

Tiene 14, no es necesario gastarse explicándole que Spok no se puede, porque el sabe. El sabe todo y más. Lo entiendo, porque yo también era Spok a los 14. Nunca menos.

Lo malo es que fue un capítulo dedicado a la B’Elana y su doble condición de humana y klingona, a su fragilidad, a su lucha con las fuerzas del maquis y a la aceptación de ser una guerrera sin querer serlo. ¿Cómo integrase? Ella que peleó con todo lo que tuvo a mano.

¿Cómo es posible que tratando de jugar a algo, una vaya y se dé una patá en el culo con todas sus fuerzas?
Ahí estaba yo, cuando le pregunto a D. que quién sería él. Lo pregunté para parar la caída libre de mis asociaciones. Dice que no sabe, lo piensa poco, y dice dulcemente, Tom.
Listo, se acabo la tele. Y es no más. ¿Quién, si no, va a ser D.?

Seguramente que si alguien habla de mí se acordará de algunas cosas y de otras no. Seguramente si alguien habla de mí hablará desde lo mucho o desde lo poco que me conozca.
Seguramente desde las dos perspectivas se podrá dar en el clavo de algunas cosas importantes de mi personalidad antes de meterse conmigo. O meterse más, o seguir metiéndose.

Lo que si va a pasar al cien por ciento es que una de las características que me van a achacar sea la de alegadora. En beneficio propio y/o ajeno.

En mi familia, donde todos gritan, especialmente las mujeres, dirán que soy gritona. En mi familia donde todos hablan con una determinación contagiosa, dirán que soy determinante, pero lo que más somos, mi familia y yo, es justicieros. Y esto de ser justicieros es lo que nos lleva al alegato.

Me acuerdo de mi misma de niña pensando, ¿por qué no contesta nadie YA a la pregunta de la maestra? Pobre tipa, contéstenle. Terminaba contestando yo, por no hacerla esperar más.

Me acuerdo de subirme al bus y enfrentarme al chofer que no quería dejarnos pagar el boleto escolar con rebaja, y me acuerdo de mí misma pidiéndole al caballero que si tenía problemas con esto, tuviera la buena voluntad de decírselo al ministro de educación o al de transportes o al innombrable directamente, que eran quienes los obligaban a ellos a subvencionarnos a nosotros. Yo sabía que ese llamado a la insurrección de los micreros, no era serio. Ni locos en tiempos de dictadura iban a decir nada a ningún ministro y sabía también que nosotros eramos los que tenían más a mano.
Me acuerdo de pagar, subir, alegar, sentarme y preguntarle a mi amiga y compañera de universidad, que venía conmigo, por qué ella no había dicho nada y que ella me contestara: „Pero si tú ya lo habías dicho todo. Y yo estoy de acuerdo.“

Y si, a veces me sentí sola en medio del alegato y me plateé seriamente rebajar los alegatos por semana.
La soledad es lo que llevaba peor de esto de ser alegadora.
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